¿Somos cronistas de la realidad?

Douglas [email protected]

El jefe de campaña de un candidato a alcalde de Managua dijo que los periodistas debemos ser “cronistas de la realidad”. Lo dijo con sentido crítico, porque él cree que no lo somos y se queja de que hicimos una mala cobertura de la campaña de su partido, atendiendo rumores en vez de verdades.

Como periodistas debemos preguntarnos en qué medida somos cronistas de la realidad, pero antes necesitamos valorar qué es la realidad y con qué utilidad intentamos proyectarla.

Partamos de que la realidad es algo más que un discurso. En el caso de los candidatos a alcalde, sus discursos pretenden vender una imagen para obtener votos y en esa medida proyectan ficciones, llamémosles promesas, tejidas con fragmentos de realidad.

Para la población, los electores, la realidad está muy ligada a sus necesidades insatisfechas y a los sucesos, buenos o malos, que observan en su entorno y en la administración pública.

Una persona que carece de energía eléctrica o que paga mucho por el servicio, sin duda asocia su realidad con la noticia de que un alto funcionario recibió millones de córdobas en compensación por “servirle al pueblo” en la institución que brinda ese servicio. Se preguntará por qué y esperará que al menos los periodistas le transmitan una explicación.

Para los medios de comunicación resulta inevitable reflejar esa realidad contradictoria, si quieren preservar la credibilidad ante su auditorio que es el que al final determina la importancia de una noticia y por tanto la existencia, a largo plazo, de un periódico, una radio o una televisora.

Si los medios de comunicación quieren cumplir su función social y preservar ese auditorio, tienen que esforzarse por mostrar la realidad con amplitud, sin sesgos, para que los ciudadanos puedan ver más allá de los discursos electorales que, por lo general, tratan de ocultar verdades.

Ser cronista de la realidad significa, entonces, mostrar lo que a la gente más le interesa y que con dificultad puede conocer, a pesar que hoy la información es abundante y llega por diferentes vías, a las que se accede con facilidad.

Discrepo por tanto de la queja del jefe de campaña del candidato, quien sugiere que no somos cronistas de la realidad sólo porque no hemos reproducido con fidelidad todos los discursos electorales de quienes aspiran a dirigir la Alcaldía de Managua.

El problema de los líderes políticos se debe a que antes, cuando los medios de comunicación adoptaban posiciones políticas definidas, sus discursos, por muy superficiales o irreales, tenían todo el espacio que sus partidos deseaban.

Hoy las reglas son distintas y las imponen los medios. Ahora los políticos tienen que aprender a contestar preguntas de fondo en pocos minutos y para muchos periodistas a la vez.

La realidad indica que quienes están obligados a adaptarse son los políticos, no los medios, porque la población se ha vuelto más incrédula y los partidos están muy desprestigiados. La función de los periodistas sigue siendo buscar la verdad.  

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