- Las “moscas” que fabrican en Mouches Neptune Flies imitan los diferentes insectos que son apetecidos por los peces. Hay más de 10 mil tipos de “moscas” diferentes que van desde ratones muy pequeños que se hunden, hasta unas que imitan libélulas y que flotan. Cada anzuelo es para un pez diferente y es fabricado con materiales naturales como plumas de gallo (especialmente criados para eso), pieles de diferentes tipos, cerdas de diferentes animales y también se utilizan materiales sintéticos como el nylon. Sin embargo, estos materiales se tienen que conseguir fuera de Nicaragua y son bastante caros.
Erik Flakoll Alegría – Especial para La Prensa
Ivon Gendron, es un empresario canadiense de 60 años bastante particular. Llegó a Nicaragua hace dos años y ha formado una pequeña compañía que se dedica a fabricar y exportar “moscas” y anzuelos para la pesca deportiva. Su empresa, Mouches Neptune Flies Nicaragua tiene visos de éxito y ya ha dado buenos resultados en otros países como Kenya.
“Yo empecé a hacer moscas para anzuelos que se usan en la pesca deportiva a los 14 años. Ya en esa época pensé que algún día me iba a poder ganar la vida con ello… Ahora me he convertido en el proveedor más grande de anzuelos para pesca deportiva del Canadá, Estados Unidos, Europa y América del Sur. Ahora trabajo para conquistar el mercado centroamericano”, indicó Gendron.
En su Quebec natal, hay más de un millón de lagos y sólo millón y medio de pescadores deportivos, “o sea que cada pescador prácticamente tiene su propio lago”. Los buenos pescadores fabrican sus propias “moscas” para sus anzuelos, y no es un trabajo cualquiera, requiere de bastante fineza y paciencia.
En 1980, Gendron inició en este negocio en serio. Empezó en una pequeña fábrica casera en Kenya, aprendió a hablar Swahili y enseñó a sus empleados cómo hacer las “moscas”. Actualmente en Kenya tiene una fábrica de 120 empleados que producen más de millón y medio de “moscas” al año.
Hace dos años decidió venir a Nicaragua y rápidamente se dio cuenta que aquí su negocio también podría funcionar y, junto con la nicaragüense Verónica Alvarado, quien lo representa en Centroamérica, formaron la pequeña empresa. Hoy tienen 6 empleadas capacitadas en hacer diez tipos de “moscas” diferentes.
Gendron capacita a cada una de las trabajadoras personalmente y a su vez ellas deben poder enseñarle a hacer “moscas” a las nuevas personas que quieran venir a trabajar en la empresa.
“Mi negocio y mi competencia es la calidad”, señaló, “si no hay calidad no vendo nada. Por eso yo invierto mucho tiempo en enseñar a mis empleados cómo hacer las “moscas”. Para esto he invertido entre 15 a 20 mil dólares, entre el material, salarios y otros gastos, para poder capacitar a la gente que trabaja conmigo”.
“El crecimiento de esta empresa va a depender de dos cosas fundamentalmente: de la calidad del producto y de las ventas. Obviamente que con el tiempo espero que algún día podamos fabricar todos los diferentes tipos de “moscas” aquí”.