- Proyecto incluye a Nicaragua, Honduras y Guatemala, por su vulnerabilidad a los desastres
naturales
Karla Marenco L. [email protected]
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud (Minsa), terminarán de elaborar hoy una propuesta para desarrollar en Honduras, Nicaragua y Guatemala un programa de salud mental en localidades afectadas por desastres naturales, conflictos bélicos y pobreza.
Un equipo de técnicos de la OPS, del Gobierno de Noruega –que financiará el proyecto– y expertos de los ministerios de Salud de los países escogidos, se reunieron para determinar las bases y objetivos del programa que podría emprenderse el próximo año.
Posoltega, Dipilto y Mozonte, fueron las comunidades escogidas en Nicaragua para desarrollar el programa por su alto nivel de pobreza y vulnerabilidad ante los desastres naturales; la accesibilidad vía carretera y el nivel de cooperación que puede prestar la sociedad civil para que el programa tenga éxito.
El doctor Claudio Miranda, asesor regional de Salud Mental de la OPS, explicó que la Embajada de Noruega solicitó a la agencia de cooperación que estructure un programa de Salud Mental igual para los tres países a pesar de sus diferencias socioeconómicas.
Miranda dijo que tratarán de desarrollar un programa de salud mental que pueda servir como modelo para atender a largo plazo a las víctimas de desastres naturales y guerras.
El proyecto tendría un costo de un millón de dólares para ejecutarse en tres años.
El doctor Roberto Aguilar Briceño, quien elaboró el diagnóstico de la situación de la salud mental y social de las tres comunidades escogidas en Nicaragua, manifestó que quieren enseñar a las familias cómo enfrentar un desastre natural y sus secuelas por medio de capacitaciones.
“Los efectos inmediatos de una catástrofe son físicos, pero hay otros que son diferidos y que provocan cambios en la conducta de las víctimas, pueden generar violencia intrafamiliar, abuso de alcohol y drogas, generando descomposición y desesperanza”, apuntó.
Posoltega fue escogido para el proyecto por las terribles secuelas que dejó en la población el deslave del Casita. Aquí habitan unas 14 mil personas, la pobreza se acrecentó después del “Mitch” y se da mucha migración hacia Costa Rica.
Dipilto y Mozonte fueron seleccionados por la extrema pobreza y la situación de postguerra, “los servicios básicos son insuficientes y hay mucho analfabetismo”, indicó Aguilar.
Pero no sólo quieren ayudar a las víctimas a superar las afectaciones mentales que les dejan los desastres naturales, sino enseñarles a buscar nuevas alternativas de sobrevivencia, sobre todo a los desplazados del campo hacia la ciudad.