Zeno ParkSEÚL/AFP
I parte
El presidente sudcoreano, Kim Dae-Jung, galardonado este viernes con el Premio Nobel de la Paz, es un ex disidente condenado a muerte que logró escapar a un intento de asesinato antes de convertirse en jefe de Estado en 1998.
“Creo que Dios me mantuvo en reserva durante los tiempos difíciles para ayudarme a dirigir el país durante el nuevo siglo”, había declarado Kim Dae-Jung, de 75 años y católico practicante, con motivo de su victoria en las elecciones presidenciales en 1998, después de cuatro fracasos.
“Me preparé para este trabajo durante 40 años”, agregó. De hecho, posee unos 15,000 libros en su biblioteca y él mismo escribió varios sobre economía y relaciones intercoreanas.
“Es un hombre muy meticuloso y serio, que espera lo mejor de las personas en todo lo que hacen”, explicó uno de sus asesores.
Nacido en una familia pobre en una pequeña isla a lo largo de la costa sudoeste de Corea en 1925, dirige en un primer momento una pequeña compañía de transporte marítimo.
Pero al comienzo de los años ‘50 se siente seducido por la política, que le costará algunos sacrificios, como su fortuna y su primera mujer. También tiene varios reveses electorales.
Entra al Parlamento en 1961, pero un golpe militar tres días más tarde lo priva de su victoria política. Se casa en segundas nupcias en 1962 con su esposa actual, Lee Hee-Ho.
A los 45 años, el dictador militar Park Chuing-Hee lo derrota por escaso margen en las elecciones presidenciales de 1971, en las que obtiene 46% de los votos, lo que lo convierte definitivamente en sospechoso para los militares.
Dos años más tarde, el contraespionaje sudcoreano lo secuestra en Tokio, donde se había refugiado tras la imposición de la ley marcial por el presidente Park en su país.
Kim Dae-Jung comentó más tarde que había visto la presencia de Cristo el día de su secuestro cuando, con los ojos vendados y atado a una roca, estuvo a punto de ser arrojado al mar por sus secuestradores.
Es salvado en el último momento por las presiones estadounidenses, llevado a Corea del Sur, encarcelado y mantenido bajo arresto domiciliario hasta el asesinato de Park, en 1979.
Tras la llegada al poder de una junta militar, dirigida por el general ChunDoo-Hwan, Kim es detenido y condenado a muerte al ser acusado de sedición. La presión internacional permite su liberación después de dos años y medio de prisión, una ocasión que aprovecha para exiliarse en Estados Unidos.
En 1985 regresa a su país para encabezar las manifestaciones prodemocráticas que obligan al gobierno a adoptar reformas y convocar a elecciones presidenciales directas, comicios que gana en 1998.