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La lista de los países más corruptos del mundo sólo quedaría completa, publicando la de los países más corruptores, porque no es posible la existencia de los corruptos sin la coexistencia de los corruptores. Hay países ricos exportadores que sobornan en diferentes grados a políticos, funcionarios y ejecutivos de Estados importadores.
Por ello, por primera vez, Transparencia International realizó en 1999 una encuesta para establecer un índice de corrupción complementario. Este complementaría el índice que ya venía publicando anualmente desde hace cinco años, el Indice de Percepción de la Corrupción, que clasifica a los países por el grado de venalidad de los servidores públicos, con especial atención al cohecho y la malversación de fondos públicos. Era necesario reflejar, entonces, la responsabilidad que tienen los países exportadores e inversionistas en la corrupción internacional.
La globalización es de doble vía. Transparencia Internacional estableció en su encuesta, cuáles son las potencias exportadoras más éticas y legales en sus transacciones, en el “libre mercado” del mundo, es decir, cuáles recurren más o menos a prácticas de soborno para lograr contratos en el extranjero (inversiones, privatizaciones, etc.).
Se entrevistaron 770 personas en 14 países emergentes, altos ejecutivos de grandes empresas, responsables de bancos comerciales, cámaras de comercio, expertos contables, bufetes de abogados y despachos de consultoría económica. Entre los países investigados como receptores de los sobornos están Argentina, Brasil, Colombia, Rusia, Hungría, Polonia, Sudáfrica, Marruecos, Nigeria, Corea del Sur, Filipinas, India, Indonesia y Tailandia.
A los países exportadores se aplicó una escala de cero a 10, en la que la primera cifra representa niveles muy altos de soborno y la última muy bajos.
Curiosamente, el país que más recurre a estas prácticas poco éticas es China Continental (incluyendo el “súper competitivo” y paradigma, por antonomasia de la libertad económica, Hong Kong), quien tiene la puntuación más mala, con sólo 3.1 puntos. Le siguen inmediatamente Corea del Sur, con 3.4 y Taiwan, con 3.5 puntos.
Italia ocupa el cuarto con 3.7 puntos. Le siguen Malasia, con 3.9 y Japón, con 5.1.
El séptimo es Francia, con 5.2 puntos, cerca de España, con 5.3 puntos.
Suecia resultó ser el país con mayor limpieza para conseguir contratos y realizar inversiones en el extranjero, al obtener 8.3 puntos. En segundo y tercer lugar de ética, se encuentran Australia y Canadá, ambos con 8.1 puntos.
Sigue Austria, con 7.8; Suiza, con 7.7; Países Bajos (Holanda), con 7.4; Reino Unido (Inglaterra), con 7.2 y Bélgica, con 6.8.
Alemania y Estados Unidos obtuvieron 6.2 puntos, mientras que Singapur 5.7.
Los sobornos han sido muy flagrantes en los procesos llamados amenamente, “privatización”, cuando monopolios estatales “malos” se convierten automáticamente en “buenos”, al pasar a “privados”, generalmente ex funcionarios o personajes ligados al poder, y a ser “regulados” primorosamente por famélicos organismos sin presupuesto ni voluntad. En el mismo Chile, el ex presidente Frei criticó a los ex militares de Pinochet que se piñatearon las empresas públicas de ese país, con el cambio de régimen, en nombre de pasar a una economía de mercado. Lo mismo sucedió en Rusia, Polonia, Checoslovaquia y tantos otros.
El Grupo de los Siete países más poderosos de la Tierra y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), han reconocido que estas prácticas están muy extendidas. Por ello, la OCDE promovió el año pasado un convenio suscrito por 34 países que se comprometieron a luchar contra ellas y a impedir que las más de 60,000 empresas y multinacionales de sus países, paguen sobornos en el extranjero. Este Convenio partió también del reconocimiento expreso que en algunas naciones exportadoras, los pagos de sobornos son desgravables (deducibles de impuestos), en su país de origen, por las multinacionales que los practican.
En virtud de este convenio, el Congreso español reformó el Código Penal, para castigar con penas de dos a seis años de cárcel, y una multa del triple del valor de la “mordida”, a quienes sobornen a funcionarios o políticos extranjeros. Estados Unidos fue el pionero, con su Ley Sobre Prácticas Comerciales Corruptas en el Exterior (Foreign Corrupt Practices Act).
Sin embargo, la única manera de detectarlas y detenerlas es mediante una prensa libre, que las denuncie en los países receptores de los sobornos. [www.racinternational.com]
*El autor es consultor económico y financiero.