Pretendiendo justificar el pacto

  • Unos estadistas de verdad, a quienes sólo les interesara el bienestar de la patria, hubieran negociado desde posiciones de altura, con firmeza, y apoyados en principios de libertad y de justicia, y no en base a intereses personales

Jorge [email protected]

El Vicepresidente de la República, ingeniero Enrique

Bolaños Geyer, y el director de INIFOM, Dr. José Rizo Castellón -de quienes se dice que constituyen una de las posibles fórmulas del PLC para candidatos a presidente y vicepresidente, respectivamente, en las elecciones del 2001- aparecieron juntos el viernes pasado por la mañana en el programa “La Nación en Debate” que se transmite por Telenica Canal 8.

El conductor del programa les preguntó su opinión respecto al pacto que su partido, el PLC, consumó a principios de este año con el Frente Sandinista. Ambos lo defendieron ardorosamente y lo justificaron diciendo que era el costo que se tenía que pagar para que en el país pudiera haber paz y se pudiera trabajar y progresar. ¿Es cierto eso? No lo creo, y a continuación diré por qué.

Don Enrique, Don José, el Presidente Alemán, y los directivos del PLC, no son tontos. Todos ellos saben muy bien que el único camino posible que tiene el Frente Sandinista para regresar al poder es por la vía electoral. No hay otro. Y saben muy bien, además, que los sandinistas no podían darse el lujo de continuar indefinidamente promoviendo el caos, porque necesitaban, con suma urgencia, cambiar su imagen de violentos y revoltosos ante una población que está cansada del desorden y la anarquía, y que, de no hacerlo, la ciudadanía, sin lugar a dudas, los hubiese castigado muy duro en las próximas elecciones.

Y como creo que el señor Alemán y compañía sabían muy bien eso, no pueden ni siquiera alegar que el Frente los chantajeó. El chantaje no era posible. ¿Entonces? Pues lo sabido: que el pacto se hizo por motivos eminentemente mezquinos y no por las nobles razones con las cuales ahora se le pretende revestir.

Según el Vicepresidente Bolaños, “el país camina y progresa gracias a semejante precio que se pagó”. ¿Y cuál es ese precio? El Vicepresidente no lo dijo, pero manifestó que lo considera muy caro. Qué lástima que el entrevistador no le pidió que elaborara un poco más sobre ese asunto. Para el Dr. Rizo, por su parte, el precio fue tan alto que dice que fue “como tragarse una rana sin arrugar la cara”. No sé qué es lo que mis apreciados amigos, Don Enrique y Don José, ven tan caro y tan repulsivo en el pacto, ya que ambos se beneficiaron a título personal: el primero con una diputación suplente automática, y el segundo con la posibilidad de postularse como candidato a la Presidencia o Vicepresidencia de la República, como consecuencia de las reformas constitucionales que generó el pacto libero-sandinista, y que permiten ahora que se postulen a esos altos cargos personas que en el pasado renunciaron a su nacionalidad nicaragüense.

Pero sí es cierto que el pacto tuvo un altísimo costo. El costo, sin embargo, fue para el país. Ese costo -que incluye la partidarización, y por ende, la destrucción de la esencia de la Corte Suprema de Justicia, de la Contraloría General de la República, y del Consejo Supremo Electoral- es la gran facilidad que el PLC y el Presidente Alemán -a cambio de una diputación gratuita y automática para él- le concedieron al Frente Sandinista para que ese partido pueda volver al poder por la vía electoral. Lo que hicieron fue bajar el porcentaje mínimo de votos necesarios para ganar la Presidencia de la República en primera vuelta, de 45 a 35 por ciento, siempre y cuando el partido que obtuviera el segundo lugar quedara a una distancia mínima de 5 puntos porcentuales del partido que alcanzara el primer lugar con un 35 por ciento. Eso, mis queridos amigos Don Enrique y Don José, sí que sería un costo que -Dios mediante- no tengamos que pagar.

Estoy seguro de que los sandinistas, por conveniencia propia, hubiesen cesado las huelgas y los disturbios, aunque no se les hubieran concedido todos esos regalos. No tenían alternativas. Y las obras de infraestructura que el Gobierno ha hecho, se hubiesen hecho de todos modos.

Unos estadistas de verdad, a quienes sólo les interesara el bienestar de la patria, hubieran negociado desde posiciones de altura, con firmeza, y apoyados en principios de libertad y de justicia, y no en base a intereses personales que amenazan con terminar de destruir los pocos y muy costosos avances democráticos que Nicaragua ha logrado en los últimos diez años.

*El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA.  

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