Milosevic “puko je”

Cairo Amador

El voto popular a principios de los noventa llevó al poder en diferentes partes del mundo, a dos presidentes que desde visiones diferentes se juntaron en su estilo autoritario de gobierno, el desdén a las instituciones y el propósito de perpetuarse en el poder, vía manipulación de los procesos electorales: Alberto Fujimori y Slobodan Milosevic, quienes encontraron sus némesis en los movimientos populares encabezados por Alejandro Toledo y Vojislav Kostunica.

Milosevic combinaba la ortodoxia comunista con un exacerbado nacionalismo con lo que justificaba todo para mantenerse en el poder y salvar su proyecto de gran nacionalismo serbio, pues sin él Yugosolavia se destruiría, (¨Apres moi le deluge¨). Además, policías y soldados no le faltaban. A su entrada, en 1990, había 16,000 policías, y a su caída más de 160,000, con un ejército de más de 125,000, en un país donde en 10 años desertaron más de 200,000 jóvenes que se unieron a los más de 400,000 exilados, con cuya ausencia Milosevic se sentía confiado mientras descalificaba a la oposición como comprada por Occidente.

Pero hubo una actitud de coherencia con la voluntad popular, por parte del ejército, además de que sus otrora puntos de apoyo como el Patriarca Pavle tanto como el Partido Socialista del pueblo, el gobierno de Montenegro y el Partido Radical Serbio, reconocieron todos la victoria del candidato opositor. Esto, unido a llamados a la desobediencia civil y manifestaciones multitudinarias favorecieron una acción del ejército a favor de la voluntad popular y forzaron la caída de Milosevic..

Vidosav Stevanovic, uno de los dirigentes de las grandes manifestaciones contra el fraude de las elecciones municipales en 96-97, describe a Vojislav Kostunica como un profesor de derecho sin envergadura, un espíritu estrecho y creyente también del proyecto nacionalista serbio. Tal parece que, como dice Ivan Stambolic, los serbios pasan la mitad de su vida buscando un dictador y la otra mitad tratando de deshacerse de él.

Por su parte, Kostunica se mira a sí mismo como un patriota, demócrata, respetuoso del Estado de Derecho, nacionalista moderado, puente entre el pasado de su país y el futuro de una Yugoslavia moderna con sus derechos y obligaciones en el concierto de los países europeos. Cree que no tiene compromisos con nadie, y que los culpables de crímenes deben ser castigados.

Europa lo apoya igual que USA, van a levantar las sanciones que impusieron al gobierno de Milosevic, habrá ayuda económica, representación en la UE. La huida de Milosevic evitó una nueva situación que se hubiera agravado cada día. Bastó la presión diplomática y económica de la Unión Europea y USA, y la sublevación popular cívica, para que el régimen de Milosevic se desplomara.

Todos coinciden en señalar que la clave para salida estuvo en Moscú, en donde el Ministro de Relaciones Exteriores, Igor Ivanov, a la par que denunciaba la presión Occidental contra Serbia, la manipulación de la OTAN y el ruido de las botas americanas, también exigió a Milosevic que reconociera la victoria de la oposición en las elecciones del 24 de septiembre pasado. Tal pareciera que Putin no quiso agregar al manejo desastroso de sus problemas internos donde Chechenia y el incidente del Kurts bastarían para ejemplificarlo, un desacertado apoyo incondicional a Milosevic que hubiera contribuido a su desprestigio y aislamiento internacional, en un momento en que se pone en condiciones de mejor correlación de fuera en sus negociaciones propias con Occidente.

La semana pasada en toda Serbia los jóvenes blandieron pancartas que rezaban: “Salva a Serbia y suicídate Milosovic”. Ahora dicen en el argot serbio: “Milosevic, tu régimen puko je” (se terminó).  

Editorial
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