Amalia Morales [email protected]
La calentura fue la primera señal de su enfermedad. Con ese síntoma José Angel Landeros, todavía caminaba. De contar con dinero bien se habría movilizado al centro de salud más cercano a su comunidad. Pero la ausencia de fondos se opuso a ese propósito.
La mamá de Landeros, Elena López, dice que no tuvo “riales” para pagar el traslado en bote. Como su hijo es guardabosque voluntario solicitó apoyo al coordinador de los guardaparques y al líder de su comunidad. Le dijeron que ayudarían a su hijo. Pero en espera de ese respaldo pasaron 18 días.
EL TIEMPO PASO Y SU HIJO EMPEORO TANTO QUE DEJO DE CAMINAR
Al fin, López consiguió transporte para salir de Nawawás. Un bote contratado por la organización CEDA PRODE, que realizaba un taller en la zona, accedió a llevarlo. A Landeros lo montaron chineado. Iba casi inerte. El único color que había en su cuerpo era el de la pintura roja, que le colocó su madre en los labios para evitar que se los calcinara la calentura y el sol.
La travesía del enfermo hasta el Silais de Wiwilí duró cuatro días. Antes de ser atendido por personal médico su cuerpo, adolorido y pálido, navegó por lo menos 20 horas en un estrecho bote, donde estuvo expuesto al sol y al agua.