Edgard Tijerino M. – Enviado de LA PRENSA
SYDNEY.- Una vez más, el fútbol brasileño ha naufragado en los Juegos Olímpicos… Es una vieja y triste historia salpicada de amargura. El oro olímpico es lo único que le hace falta a la grandeza y el orgullo del fútbol brasileño.
Brasil derrotó 3-1 a Eslovaquia con goles de Edu, Fabio Aurelio y Alex, y el entrenador Luxemburgo salió plenamente satisfecho… Un fue un festival de samba, pero Brasil mostró olfato y aprovechamiento… No, definitivamente Romario no era necesario pese a sus gritos. Con sólo material de 23 años o menos, Ronaldinho como la máxima estrella, y apenas dos jugadores importados, Fabio Bilica del Venecia italiano y Lucas del Rennes francés, Brasil fue en busca de la ansiada medalla.
La idea de no usar a mayores de 23 años fue de Zico y la respaldó Pelé… Fue entonces que Luxemburgo se olvidó de Romario, llamándolo sí para la Selección grande involucrada en las difíciles eliminatorias suramericanas.
La derrota por 3-1 ante Sudáfrica, gol de Edu respondiendo al que marcó Quinton Fortune, colocó nuevamente a los brasileños al borde del abismo, y Luxemburgo comenzó a preguntar por las direcciones de algunas embajadas en caso de tener que solicitar asilo.
El polémico entrenador salió a flote con la victoria por 1-0 sobre Japón, gol de Alex a los 10 minutos y Brasil avanzó a los cuartos de final buscando como avanzar hacia la pelea por las medallas.
Pero Camerún lo esperaba con todos los dientes afilados y Mboma a los 17 colocó en ventaja a los africanos… Un dramático gol de Ronaldinho empató el juego en las postrimerías y lo envió a tiempo extra con Camerún amputado por las expulsiones de Njitap Fotso y Nguimbat.
Se consideró por lógica elemental que Brasil, aprovechando su superioridad numérica, bailaría suficiente Samba disponiendo de mayores espacios para maniobrar y Camerún sería crucificado.