- MECD no acepta cartapoder para pagarle a maestros que viven en comunidades recónditas
- “A ver hasta dónde aguanta”, dice Fagot quien a lo inmediato consiguió un cuarto en 100 córdobas para ubicar al nuevo maestro. Y para garantizar su alimentación ha recurrido a los estudiantes. Con ellos programó un calendario para el “plato de comida” del maestro
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En la ribera del Río Coco, enseñar es un drama similar al de aprender. Nohemí Briceño, una maestra de Siksa yari que atiende a unos 80 niños de segundo y cuarto grado, gana mensual 1,003 córdobas.
Para cobrar ese sueldo Briceño debe moverse hasta Waspán. Y ese viaje que la maestra mide por tiempo y no por distancia, tiene un costo de 600 córdobas. Esto significa que le dejaría una partida de 400. Briceño viaja hasta Waspán cada dos meses para hacer rentable su salario.
Cuando emprende el viaje, además de su pasaje, Briceño tiene que pensar en estadía –el viaje dura un día- en comida y en realizar algunas compras para su casa, porque en Waspán las cosas son un poco más baratas que en Siksa yari, donde un taco de jabón cuesta cinco córdobas y una barra de manteca Clover Brand 10.
Pero por cada 100 libras de carga, el precio del pasaje se incrementa en 40 córdobas.
Briceño ha intentado cobrar a través de una cartapoder, pero en la delegación de Waspán no lo aceptan. Sólo a un maestro de Andris Tara, una comunidad de la zona de raudales situada a dos horas de Siksa yari río abajo, le han aceptado cobrar a través de un poder.
MAESTROS EXPONEN SUS “PELLEJOS”
El drama de los educadores no termina ahí. La real vocación de enseñar se pone a prueba en el pellejo de 23 educadores, varios de ellos normalistas, que en un medio adverso procuran educar a los niños de sus comunidades.
Estos 23 maestros lo único que reciben por su trabajo es una ayuda de 500 córdobas, que entrega la organización Alistar.
Carla Smith (20) es una de las docentes voluntarias y quisiera que el MECD la reconociera pronto y le pagara un sueldo más justo para el sitio donde vive.
Larry Martínez, quien egresó de la Normal hace varios años, se suma a la demanda de Smith. “Esa ayuda no ajusta”, asegura.
Marcos Serapio Martínez, líder de la organización indígena Kunaspawa, dice que el nombramiento de esos 23 maestros es una vieja demanda de la comunidad. Y hasta ahora “ni el gobierno regional ni en Waspán nos la han resuelto”, se queja el líder.
Falta de viviendas y viáticos de alimentación para los maestros que son indígenas, pero no de la zona, son otros matices del dilema que sobre el Río Coco viven los educadores.
COMUNIDAD SE TURNA EL PLATO DE COMIDA DEL MAESTRO
Almistran Martínez es un maestro que recién egresó de la Normal de Puerto Cabezas. Es originario de Saúpuka, una comunidad ubicada a media hora de Waspán por tierra.
Con un salario de 800 córdobas, Martínez fue asignado en la escuela secundaria de San Carlos.
“A ver hasta dónde aguanta”, dice Fagot quien a lo inmediato consiguió un cuarto en 100 córdobas para ubicar al nuevo maestro. Y para garantizar su alimentación ha recurrido a los estudiantes. Con ellos programó un calendario para el “plato de comida” del maestro.
Fagot dice que hasta ahora la comunidad ha sido receptiva con la idea de cuidar al maestro foráneo.