No es posible la unidad liberal en Nicaragua

Leonel Teller

Durante la campaña de la Alianza Liberal, tuvimos la oportunidad de recorrer Nicaragua, conversar con los ciudadanos para conocer sus problemas y respaldar los compromisos que el candidato a la Presidencia de la República y los líderes liberales de ese entonces asumieron en cada uno de los municipios del país.

El sentimiento en común en ese momento, para la mayoría de los liberales, se basaba en nuestra certeza de que cambiaríamos la historia trágica del país. Desde el sueño de despertar la sonrisa plena que sólo el bienestar social puede brindar en niños y ancianos, hasta la misión humanista de devolver al pueblo la confianza en sí mismo, en las instituciones democráticas y en una nueva clase política en el poder.

Sabíamos que el reto para el gobierno liberal era inmenso, pero basados en nuestra convicción, la capacidad y el deseo de construir la Nicaragua del nuevo milenio, planteamos el objetivo de insertar a nuestra Nación en el nuevo orden mundial y sus retos: las relaciones multipolares, la interdependencia, la globalización y la integración centroamericana. Asimismo, Nicaragua se proyectaría en el ámbito internacional con una imagen progresista y moderna, integrada a una región. Seríamos el nuevo modelo de la democracia y del desarrollo social y económico de Centro América.

Hoy, al leer estas palabras no podemos más que concluir que estamos muy lejos de nuestros objetivos, no por ser inalcanzables y pretenciosos, sino por haber sido engendrados de una mentira. El show del progreso que está siendo montando y dirigido magistralmente por nuestro presidente, el Dr. Arnoldo Alemán Lacayo, merece el mejor distintivo de la inspiración maquiavélica y el peor reproche de un pueblo hambriento y consumido en su miseria.

Sin embargo, la explicación es única, si bien nuestros deseos no eran inalcanzables, entonces lo que ha fallado fueron los medios para alcanzarlos. Los sueños de estadistas sólo pueden ser llevados a cabo por estadistas, no por políticos irresponsables, incoherentes e incapaces, características ejemplificadas en el diario gobernar del Presidente Arnoldo Alemán Lacayo.

Los grandes intereses de la Nación se han sacrificado por el bienestar de una cúpula, donde la corrupción no se ha hecho esperar. La desmesurada adquisición de propiedades, el acelerado enriquecimiento de los funcionarios públicos, la falta de claridad en la denuncia de los abusos de los fondos públicos, el nepotismo, la impunidad, el fraude electoral, son todos síntomas de una Nación enferma.

Con este escenario, nuevamente el Presidente Honorario del Partido Liberal Constitucionalista, Dr. Arnoldo Alemán Lacayo, invita a los liberales a la gran unidad, y ésta debe ser vista como la gran oportunidad para el pueblo de distinguir a la clase política, como verdaderos liberales o como la personificación misma del politiquero, corrompible, obsoleto y personalista. Los autoproclamados líderes liberales, los ministros y alcaldes que renuncian a sus cargos esperando verse beneficiados por el dedo presidencial con el nombramiento para un cargo de elección popular, son los que el pueblo debe no sólo rechazar sino dar la gran lección a la hora del voto y convertirlos en una especie en extinción.

Para los liberales, los verdaderos, está claro que la unidad liberal no se podrá dar bajo las actuales circunstancias. Los hombres y mujeres probos deben reencontrar en la tragedia de este pueblo, su compromiso de rescatar el objetivo inicial bajo una sola visión de Nación y llamar a nuestro pueblo al voto de castigo.

Por ahora, como liberal, tengo la confianza de que nuestra ideología debe renacer bajo nuevos y verdaderos líderes. La unidad en estos días proclamada es ficticia y por lo tanto irreal.

* Ex embajador ante la Unión Europea del gobierno actual y Diputado Liberal suplente por León

Leonel Teller

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