Ernesto Leal
El golpe en la mesa que supuestamente propinó el jefe del Ejército cuando discutía con el Presidente Alemán frente a la anunciada intervención del BDF, ha entristecido a los nicaragüenses tanto por lo peligroso, como por lo lastimoso de la supuesta conversación.
De haberse dado dicha conversación sería peligroso, aunque el hecho lo haya provocado el presidente, porque ha sentado el terrible precedente de haber concedido otra vez protagonismo político a los militares.
También sería lastimoso, porque con este incidente el presidente de la República perdió por completo lo poco que le quedaba de autoridad. Y es que el presidente al politizar la situación de todo esto de Interbank, echó a perder una decisión altamente técnica, que perfectamente pudo ser tomada en cualquier país del mundo y se enredó en su misma telaraña y enredó a la Superintendencia y a un sinnúmero de funcionarios altamente probos y capaces, en una jugada que buscaba asestar un golpe mortal al capital del FSLN, sus socios en el pacto, sólo para demostrar que eran sus tradicionales enemigos.
El presidente ha perdido su autoridad (no hay que confundir autoridad con poder, porque el presidente sigue teniendo poder), y no sólo la ha perdido, sino que ya no la podrá recuperar, por lo de los checazos, los enfrentamientos con la comunidad donante, por lo de Pedro Solórzano, etc., etc.
También hay que reconocer que a Alemán siempre le sale más caro el caldo que los frijoles. Esto del Interbank se da en un crítico momento de la vida nacional, frente a la ausencia de políticas estatales que han dejado correr a su buena suerte a la industria, casi en total abandono, y a los productores agobiados por la falta de recursos, asistencia técnica y políticas de apoyo que los tienen al borde de la ruina. Es indudable que los efectos de esa acción altamente politizada, tendrán un gravísimo impacto en la vida nacional. La inversión nacional y extranjera se verá disminuida y por consiguiente, el desempleo aumentará y los pobres serán más pobres, los cinturones de miseria crecerán y la inseguridad ciudadana también crecerá.
En realidad lo que ha pasado es que se ha perdido el norte, no existe visión de nación. Los que burlan prendas son aclamados cual modernos Robin Hodd, mientras que los pequeños productores, héroes olvidados pero insolventes, son ejecutados y pierden sus propiedades. La corrupción campea y es denunciada y es el tema del día y… aquí no pasa nada.
Pero a pesar de todo esto no han podido aún quitarnos la esperanza, la posibilidad de soñar con una Nicaragua diferente, donde haya oportunidad para todos, independientemente de quién sea. Donde la inversión en educación, salud, vivienda, y la reducción de la pobreza sean prioritarias. Donde los gobernantes se sientan transitorios y servidores de la sociedad; que al ser electos sepan que van a sacrificar su tiempo; que están sujetos a rendir cuentas de lo administrado y que su patrimonio más bien corre el riesgo de verse disminuido, en vez de aumentado. Una Nicaragua donde resplandezca la justicia, sin importar la condición económica, o social de cada quien.
Esa es la Nicaragua que nos han usurpado con el pacto libero-sandinista y esa es la Nicaragua que podemos rescatar sabiendo votar en las próximas elecciones, escogiendo a los mejores y castigando así a los que nos han defraudado. Sólo cuatro partidos vamos a participar en las próximas elecciones, escojamos la casilla que nos permita que regrese la decencia al gobierno, votemos por el Partido Conservador para que juntos construyamos la nación que queremos.