Desafiando al temor, oficiales continúan en la Armada

A falta de opciones en Rusia post-soviética, muchos oficiales de la Marina seguirán prestando servicio Serguei Larin (AFP) MURMANSK, RUSIA.- Andrei Stepanov, uno de los 27 supervivientes del submarino nuclear ruso “Komsomolets” que se hundió el 7 de abril de 1989 en el mar de Noruega, trabaja en la actualidad a bordo de un submarino, […]

  • A falta de opciones en Rusia post-soviética, muchos oficiales de la Marina seguirán prestando servicio

Serguei Larin (AFP)

MURMANSK, RUSIA.- Andrei Stepanov, uno de los 27 supervivientes del submarino nuclear ruso “Komsomolets” que se hundió el 7 de abril de 1989 en el mar de Noruega, trabaja en la actualidad a bordo de un submarino, a falta de otro medio de subsistencia.

Consternado por la catástrofe del “Kursk”, este capitán de fragata de 35 años, que evitó hace más diez años el trágico destino de sus 42 camaradas, muertos tras un incendio a bordo del “Komsomolets”, comprende mejor que nadie el horror de la muerte en las profundidades del mar.

Varios tripulantes del “Kursk” no perecieron en el momento del accidente sino que, encerrados en compartimentos inundados, “se encontraron en una trampa, completamente aislados del mundo”, consideró Andrei Stepanov en una entrevista a la AFP.

“Imagínense en el interior de una gran caja metálica, en la oscuridad, a varios metros de profundidad”, evocaba. “La presión en el interior del compartimento aumenta, el agua va reduciendo el espacio ocupado por el aire y cada vez es más difícil respirar. Uno sigue en vida, pero comprende que está condenado. El silencio y pensamientos horribles le paralizan”, explica Stepanov.

“Uno intenta descubrir ruidos en el exterior y dice adiós a la vida cada cuarto de hora. Aún más duro es oír sonidos procedentes de los aparatos de salvamento”, continúa.

El oficial estima que “el resultado deplorable de la operación de rescate del ‘Kursk’ es una de las consecuencias del estado de la flota rusa, que se ha deteriorado considerablemente durante los diez últimos años.

“Los servicios de socorro de la flota del Norte se han degradado, la flota carece de medios, no sólo para desarrollarse sino incluso para pagar los sueldos de sus hombres. El Estado ha olvidado a sus militares y ya no se ocupa de ellos”, asegura.

El capitán de fragata afirma que se quedó en la flota para no perder su única fuente de ingresos. “No quiero vivir a cuenta de mis padres en Ucrania, no tengo alojamiento fuera de la base. En cuanto pueda conseguir un apartamento, dejaré la flota y me iré de aquí”, explica.

“Varias decenas de militares rusos, como yo, cumplen su servicio en submarinos del mismo tipo que el ‘Kursk’. Después de esta catástrofe, nos será especialmente difícil trabajar en ellos, por razones psicológicas”, afirma.

Trastornado por el naufragio del “Kursk”, que ha tomado como una tragedia personal, este oficial confiesa que “once años después del drama del ‘Komsomolets’, mis padres siguen temiendo por mí. Desde el anuncio del accidente del ‘Kursk’, no se pierden un solo programa informativo y lloran delante del televisor”.  

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