Mar Marín (EFE)
SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS, MEXICO.- Más de dos millones de chiapanecos están convocados hoy a las urnas para renovar su Gobierno en unas reñidas elecciones precedidas de una escalada de incidentes violentos entre zapatistas y simpatizantes del oficial Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Chiapas, uno de los Estados más pobres del sureste mexicano, se convirtió en foco de interés internacional en enero de 1994, cuando se alzó en armas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y enarboló la bandera de la defensa de los derechos indígenas.
Tras siete décadas del gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), las encuestas dan por primera vez como favorito a un candidato de oposición, Pablo Salazar, presentado por ocho grupos entre los que se incluen el conservador Acción Nacional (PAN) y el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Salazar, ex militante del PRI y ex miembro de la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA) -integrada por legisladores con el objetivo de facilitar una solución pacífica al conflicto armado-, es el primer candidato protestanten que aspira al Gobierno de Chiapas.
Su rival, el priísta Sami David, aparece en los últimos sondeos con al menos 10 puntos de desventaja, aunque tanto simpatizantes del PRI como opositores reconocen que, en el caso de Chiapas, no es posible guiarse por encuestas, ni siquiera de forma orientativa.
Tras el histórico fracaso del PRI en las presidenciales del 2 julio pasado, frente al conservador Vicente Fox, el partido gubernamental se la juega en estas primeras elecciones estatales.
Roberto Madrazo, gobernador de Tabasco (colindante con Chiapas), ha emprendido una intensa ofensiva para hacerse con el control del partido apoyado por los gobernadores el sureste de México.