MARIA ANTONIA LOPEZ [email protected]
Cuando los productores escucharon sobre el programa de renovación cafetalera que propuso el gobierno en 1992, se entusiasmaron. Muchos acudieron a llenar requisitos. Nadie imaginaba que años después éste sería como un “tiro de gracia” para muchos que ahora temen perder sus propiedades.
Amílcar Navarro, presidente de la Unión Nicaragüense de Cafetaleros (UNICAFE), relató cómo llegaron a enterarse sobre el programa “en el año 1992-93, el ingeniero Antonio Lacayo, ministro de la Presidencia nos llamó y dijo que la intención era implementar un plan de renovación de cafetales de 50 mil manzanas dirigido a pequeños y medianos productores en condiciones favorables”.
Como la necesidad era muy grande y la aprobación de fondos lleva su tiempo, el gobierno decidió prestar inicialmente dinero con recursos propios del Banco Central de Nicaragua.
Pero la condición fundamental para adquirir el préstamo fue lo más preciado por los productores “había que hipotecar las fincas porque era lo que pedían, efectivamente, respondimos masivamente al BANADES y comenzó el plan”, dijo Navarro.
El plan contemplaba financiamiento para grandes, medianos y pequeños productores, el dirigente dijo que con el tiempo se fue desvirtuando el objetivo y el grupo meta “se concentró en algunas grandes empresas y en grandes productores, y pocos medianos productores”.
Los primeros dos años, tampoco se fueron en plena gloria “hubo bastante intermitencia en los desembolsos del plan, hasta que llegó el momento en que nos dijeron “se acabó el dinero, busquen qué hacer”, pero debo decir que, a unos grandes empresarios nunca les suspendieron los desembolsos. Para ellos hubo flujo constante”.
Con la suspensión del crédito del BCIE, los planes de renovación cambiaron por completo para los productores. De manera unilateral los bancos privados aplicaron sus propias políticas crediticias, de tal manera que los plazos e intereses variaron según la entidad bancaria.
“A esas alturas el productor había hecho inversiones de dos años, estaba la plantación establecida, pero todavía faltaban dos o tres años para que comenzara a producir la plantación”, indicó Navarro.
Todo el panorama anterior es el detonante para llegar a la crisis que llevó al endeudamiento del sector cafetalero, a lo que se ha venido sumando los bajos precios internacionales del café, que no le han permitido a los productores responder ante las deudas de largo plazo, o sea, básicamente la deuda por la renovación de los cafetales.