- El regreso parcial del somocismo al poder público de Nicaragua ha significado un retroceso en la historia que es necesario combatirlo con los votos
Hugo Ramón García
Es imposible que el gobierno neo somocista del Presidente Arnoldo Alemán Lacayo pueda en el 2001 retener el poder, habiendo un masivo descontento en todos los ámbitos de la opinión pública, que impugna y cuestiona el desastre nacional.
El regreso parcial del somocismo al poder público de Nicaragua ha significado un retroceso en la historia que es indiscutible combatirlo con el instrumento de los votos.
La paupérrima pobreza que arrastra Nicaragua no se le puede atribuir indefinidamente a los gobiernos anteriores, y el neo somocismo no puede escudarse en ese rayado pretexto para seguir “justificando” de su parte el descalabro económico en que tiene sumido al pueblo.
¿Cómo no va a haber pobrezas y miserias en este país tan desnutrido con los sueldos escandalosos que se recetan los Ministros y los Diputados?. El despilfarro financiero que vive Nicaragua tiene su explicación en el alto índice de corrupción administrativa.
¿Qué prosperidad económica pudiere tener Nicaragua donde el Presidente de la República vive comprando cuantas haciendas se le “ocurre”; construye hermosas carreteras privadas, posee un monopolio absoluto de familiares ocupando importantes posiciones y gobierna en medio de los escándalos, como los “checazos” de la Dirección General de Ingresos, que fueron cubiertos con el manto de la tolerancia porque en Nicaragua vivimos todavía una “justicia” enferma, acomodaticia, y parcializada, incapaz de emitir dictámenes que velen por el imperio exacto de las leyes.
En la Nicaragua del Nuevo Milenio, el somocismo no puede ser una “opción política” y con el voto decidido de los nicaragüenses será unánimemente derrotado, para establecer un modelo de Gobierno auténticamente democrático, decente y pluralista, que acabe definitivamente con todas las desigualdades que sufrimos.
El autor es periodista.