- La población quiere inversión, pero teme a destrucción de humedal que sirve de filtro de buena parte del agua potable que se consume
- “Se mantendrá el área de relleno sobre humedal en la vía de acceso vehicular”, dice el adéndum al estudio de impacto ambiental Desy Residence, realizado por el consultor ambiental Gerardo Silva
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La construcción de un complejo turístico en terreno cenagoso quita el sueño a muchos pobladores de Corn Island, que desaprueban la futura inversión porque creen que arriesga la existencia de agua dulce en la isla.
La gente de Corn Island no está en contra de la inversión. Saben que una isla como la suya, enclavada en el Mar Caribe, con notables atractivos turísticos y distante de la ciudad urge de capital para su desarrollo. Sin embargo, temen que un progreso apresurado y mal manejado vaya en detrimento de la zona.
Y ese efecto bumerang es el que avizoran con el proyecto turístico “Desy Residence”, que pretende desarrollar la empresa italiana Varila, S.A., en el humedal o “suampo”, como le llaman los lugareños, más limpio y grande de la isla.
Con respaldo total de la Alcaldía de Corn Island, la empresa Varila, S.A. pretende destinar un área de 35 mil metros cuadrados, localizados al este en el barrio Sally Peach, en la construcción de un amplio hotel como no existe otro en la isla.
En el hotel se construirán ocho cabañas, 13 apartamentos especiales o suites, un restaurante y un área de servicios comerciales que incluirá bar, cocina, banco y oficinas. Una especie de circuito cerrado. La capacidad de atención diaria del hotel será de 180 personas, según se describe en el proyecto.
Al principio la construcción planteó rellenar parte del humedal, mientras dragarían otra parte de la laguna. Esta propuesta fue rechazada por la Dirección General de Calidad Ambiental (DGCA) del Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente, MARENA.
RELLENO SEGURO
Esa entidad consideró que el relleno o dragado de la laguna “causará efectos negativos irreversibles en el ecosistema de Corn Island”. Sin embargo, la empresa persiste en su posición de rellenar una parte del humedal.
“Se mantendrá el área de relleno sobre humedal en la vía de acceso vehicular”, dice el adéndum al estudio de impacto ambiental Desy Residence, realizado por el consultor ambiental Gerardo Silva.
“El material usado dentro de las áreas de humedales será utilizado para el relleno de las áreas bajas dentro del proyecto”, explica el adéndum y aclara que “para reducir los efectos sobre el área de humedal Varila, S.A. sólo realizará labores de construcción sobre esta área durante el período seco, que es cuando el humedal se encuentra con menos contenido de agua”.
Sin embargo, el alcalde George Howard insiste en que no habrá relleno dentro del humedal. Lo único que Howard reconoce que se afectará una pequeña parte del manglar y que hay un compromiso por parte de Varila, S.A. de reforestar, donde la Comuna convenga necesario.
Aunque Varila, S.A. reconoce que el humedal ocupa 41 por ciento de su propiedad en un recorrido por la zona es posible constatar que más bien ocupa la mayoría del terreno, donde se prevé la construcción.
Dorel Down y Ricky Smith, pobladores de la isla, consideran que una prueba fehaciente, de que donde se edificará es humedal son los innumerables huecos de cangrejos, visibles en todo el lugar. “Ese animal hace casa en “suampo” no en tierra sólida”, dice Down, quien vive en la isla desde hace 48 años.
Pero las contradicciones entre autoridades y población no concluyen ahí. El proyecto “Desy Residence” fue concebido hace cinco años y desde hace dos se instaló en la playa un mojón, que concede un uso preferencial de la playa a la empresa Varila, S.A.
Tanto Down como Smith creen que esto no sólo va contra la ley sino contra la naturaleza del isleño acostumbrado a caminar sin medidas por todos los contornos.
Y aunque es común pasar por los patios de las casas para alcanzar la playa, en el caso de la propiedad de Varila, S.A., el paso a los pobladores está cortado.
NO HAY PERMISO
En teoría, la construcción del complejo aún no está decidida. Sin permiso ambiental del MARENA, la obra no puede iniciar. Y aunque esta institución ya avaló el estudio de impacto ambiental presentado por Varila, S.A., de acuerdo a la ley, deja en manos del gobierno regional la decisión final.
En días recientes, el siete de julio, el Consejo Regional decidió que se detuviera “toda operación de construcción en el área del proyecto hasta que se resuelva sobre el permiso ambiental”, tanto por el MARENA como por el propio Concejo.
En la práctica esta orden no surte efecto. En la actualidad, en el área del futuro hotel, se instalan las bases de una casa.
Desiderio Dalton, socio de Varila, S.A., dice que se está construyendo una casa para los trabajadores, que no es parte del complejo. Esta edificación se hace a escasos metros de la laguna, donde a manera de retén se han colocado piedras.
Dalton, que está al tanto del mandato del Consejo Regional, asegura que para él la palabra válida es la del alcalde, George Howard, quien en este caso niega autoridad del Consejo Regional. Howard dice que lo ampara la Ley 40. Además alega que la empresa Varila tiene derecho a construir en su propiedad.
Mañana: No a otro San Andrés y “Desy Residence”, la panacea para la pobreza de Corn Island.