Chávez murió fajándose

EDGAR TIJERINO [email protected] DESDE FILADELFIA.- El esfuerzo de Julio César Chávez en Arizona, antes de perder por KOT frente a Kosta Tszyu en el sexto round, fue tan conmovedor, como el de un veterano gladiador acorralado por el león, pero sin renunciar a la pelea, respondiendo siempre, sin permitir que el alma se marchitara. ¿Acaso […]

EDGAR TIJERINO [email protected]

DESDE FILADELFIA.- El esfuerzo de Julio César Chávez en Arizona, antes de perder por KOT frente a Kosta Tszyu en el sexto round, fue tan conmovedor, como el de un veterano gladiador acorralado por el león, pero sin renunciar a la pelea, respondiendo siempre, sin permitir que el alma se marchitara.

¿Acaso no es para eso que nacemos?… Para pelearle a la vida, para fajarnos en todo instante contra viento y marea… ¿No es esa la única forma de abrirnos paso de la nada a la grandeza?… ¿No estuvo claro de eso Chávez desde que arriesgó la vida en busca de unas monedas cuando era un chavalo supuestamente sin futuro?

Dicen que los grandes guerreros nunca flaquean… Aunque mueran, como Aquiles, como Héctor, como Julio César Chávez, quien en ruta hacia la conquista de diferentes coronas atravesó varios “rubicones”.

¿Qué esperábamos de Chávez contra Kosta Tszyu?… El ruso es un atleta en plenitud, destructivo como contragolpeador, resistente, fiero y con hambre de grandeza… Muy difícil de doblegar entre los superligeros… Ciertamente, no veíamos cómo el azteca podría sobrevivir.

Todo aquél que maneja con precisión sus cinco sentidos, sabía que “lo que quedaba de Chávez”, era insuficiente para evitar una derrota rotunda, pero se habló mucho de una superpreparación del mejicano retando todos los diagnósticos de desgaste que no recomendaban correr con ese riesgo… Y se llegó a conceder posibilidad de sorprendernos.

Un Chávez resucitado, capaz de asombrarnos, como Ulises, como Teseo, como Hércules.

Qué va… Entusiasmo puro, deseo incontrolable, cálculo desajustado, especulación inútil.

Desde el inicio, Tszyu estableció las pautas apoyándose en esa habilidad para contragolpear con solidez provocando deterioro… Chávez, un toro desde siempre, fue directo hacia las banderillas, y la espada, y las verónicas, con una insistencia altamente emotiva, pero dramática por su esterilidad.

En el cuarto asalto, Chávez cayó sin contabilidad en los asaltos cuatro y cinco por una acción irregular y un resbalón, pero en el sexto, un recto de derecha de Tszyu, como un arponazo que hubiera hecho estremecerse a una ballena, estalló en su mandíbula, y aunque no cayeron fragmentos en las butacas del ring side, el mejicano fue a la lona para recibir el conteo de protección.

No tenía nada que ofrecer, excepto esa temeridad casi suicida, la misma por la que se dio a conocer en las calles de Culiacán.

El réferi lo observó… No tenía sentido seguir y detuvo lo que se sospechaba sería, el deslizamiento hacia la masacre. Fue el triunfo 25 de Tszyu y su nocáut 21 con un empate y una derrota, en tanto Chávez, con su butaca segura en el Salón de la Fama de Canastota, y el reconocimiento como el mejor púgil mejicano de todos los tiempos, sufrió su segunda caída y perdió por quinta vez en 104 combates con dos empates y 86 nocáuts.

Una vez más, como ocurre cuando muere un bravo mejicano desde antes de Jorge Negrete, los mariachis callaron.  

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