JOSE ADAN SILVA [email protected]
El Grupo Cívico Ética y Transparencia fue uno de las pocas organizaciones que dio seguimiento y observó el proceso de verificación electoral ciudadana. El presidente de la organización, Carlos Tünnermann, analizó la situación y aunque cataloga que el 40 o 45 por ciento de asistencia sea una cantidad normal, promedio en América Latina, sí observó que con esto la población mostró una apatía y desinterés hacia el Consejo Supremo Electoral que ya había sido advertido en la Octava Consulta Ciudadana de Ética y Transparencia, cuando el 46 por ciento de más de 75 mil personas de todos los municipios del país expresaron sentir poca confianza en el Poder Electoral.
Unido a este desinterés ciudadano, determinado como común por Tünnermann, se le agrega el poco apoyo recibido para esta actividad de parte de los mismos partidos políticos participantes en la contienda, quienes de acuerdo al entrevistado, debieron haber orientado a sus simpatizantes a verificarse para mejorar el proceso electoral.
“La verificación del padrón electoral no es una actividad del proceso que despierte mucho interés de parte de la ciudadanía, y si a eso le agregamos que en consultas anteriores ya habíamos encontrado que un porcentaje bastante alto no había decidido si iba a participar en las elecciones, podríamos decir que este porcentaje del 40 por ciento de asistencia es el reflejo de que la gente atribuye más importancia a las elecciones presidenciales. Y por las cosas que han venido sucediendo, la gente tiene suspicacias, recelos”, explicó Tünnermann.
Sin embargo, aunque reconoce como normal la asistencia del 40 por ciento en la verificación electoral en países de Latinoamérica, no señala como normal esta asistencia en un proceso como el de Nicaragua.
“No es recomendable esta situación en un proceso como este, en un país como este, en que la gente pudiera encontrar dificultad a la hora de votar porque, digamos como ejemplo, que la cédula no corresponde, que el nombre está mal escrito, o que al día de la elección no sabe dónde queda su Junta Receptora de Votos, o no reportó su cambio de domicilio y otras cosas que dificultan el proceso”, dijo el especialista.
“Esta experiencia nos hace pensar, que si en esta actividad se cometen irregularidades administrativas, el CSE debiera recogerlos para evitar que sucedan durante las votaciones”, señaló Tünnemann, quien explicó que el problema de todo esto está en que mientras no se verifique la gente, no hay cambios en el padrón, y por consiguiente el CSE contaría con un agenda de actividades electorales basada en una información incompleta, lo que a juicio del especialista no es recomendable para Nicaragua.