- Fue violada y esta semana nació su hijo
CAROL MUNGUIA – [email protected]
CHINANDEGA.— La joven con Síndrome de Down que esta semana dio a luz a un niño fue esterilizada ayer mediante una intervención quirúrgica por considerarla incapacitada para cumplir con la función de madre.
El embarazo resultó de una violación.
Tras concebir un hijo varón que pesó 3,200 gramos y ser considerada una parturienta de alto riesgo para volver a concebir, la “Pipita” fue inmediatamente llevada al quirófano en el Hospital “Mauricio Abdalah”, donde se procedió a practicarle la cirugía, que la dejó estéril por el resto de su vida.
El doctor Juan Somarriba, médico de la Sala de Maternidad, dijo que la paciente padece del Síndrome de Down, una enfermedad genética que entre sus principales efectos está el retardo mental, que la incapacita para ejercer la maternidad.
“Ella puede orgánicamente amamantar e incluso se le observan instintos maternales especiales, sin embargo, el grupo de especialistas de la sala recomendó que a la adolescente se le extirparan sus órganos reproductores”.
Los pediatras del centro descartaron malformaciones congénitas en el niño, que como todo bebé en estado normal fue entregado al lecho de su madre, que en todo momento es auxiliada por su progenitora.
“Llevo cinco días en el hospital, estoy agotada de vigilar a mi enferma y ahora al niño, pero qué le vamos a hacer, si somos solas en el mundo”, dijo doña Yolanda Torres, madre de la discapacitada.
Las necesidades económicas de la familia son múltiples. Aunque a la madre le regalaron una cuna y ropa para tiernos, carece de biberones, pañales, sábanas y otros productos de la ocasión.
“Por la alimentación no me preocupo”, dijo la abuela, “yo voy a alentar a mi hijita para que le dé de mamar todo el tiempo porque mi nieto es una bendición y de cualquier manera lo vamos a criar, porque donde comen dos, comen tres”, se consoló.
El bebé será registrado por su abuelita, la que se responsabilizará de verlo crecer, pues, según ella confiesa, su hija no puede realizar ningún oficio doméstico. “La joven no habla, no avisa para sus necesidades fisiológicas y por gestos me pide la comida”, relató la familiar, quien se encargará de velar por su hija y su vástago.