EDGARD [email protected]
DESDE MIAMI.– Esta es la sinfonía que Schubert escribió y nunca terminó… El “ahora sí, no fallaré”, fue un espejismo para el “Yambito” desarticulado por una especie de baile indescifrable al ritmo de una música enloquecedora, realizado por el ahora Campeón Mundial FIB de las 115 libras, el venezolano Félix Machado.
“Yambito” no sólo se quedó corto en fuego e ideas, sino que hizo de Machado un oponente capaz de deslumbrar con su velocidad de piernas y manos, y un estratega compañero de Rommel o Patton.
Difícilmente el nuevo campeón, que ha logrado emerger entre la escasez de valores del boxeo actual, fue visto perdiendo un round por los tres jurados y los casi cuatro mil que se encontraban en las tribunas al momento del combate.
De hecho, “Yambito” no existió en el ring de la American Arena… Cuando no se dispone de la claridad mental necesaria para ordenar los pensamientos, seguir las instrucciones, proponer variantes dentro de replanteos obligados, resolver problemas y evitar que las diferencias se vayan ampliando round tras round, es que no existimos.
“Ciertamente, me sorprendió encontrarme con toda la cancha”, dijo Machado al amanecer del domingo, conversando con periodistas… Y no exagera… Retrocediendo, él tomó la cancha, determinaba cuándo hacer pases y en qué momento convenía apretar el gatillo.
Alrededor de los cálculos previos hechos sobre “Yambito”, todo fue falso, y la advertencia en nuestras páginas “Tratándose de Yambito nada es predecible”, se convirtió rápidamente en una certeza.
Por un momento, cuando el nica derrotó a la báscula, pensamos que esa señal tenía un gran significado… Que nuestra incertidumbre desplazándose hacia el pesimismo, no tenía razón de seguir aguijoneándonos y nos fuimos a dormir cobijados por la tranquilidad… Fue falso amigos, y en la noche siguiente, estábamos cayéndonos de una cama king size por sus cuatro costados, mientras tratábamos de ordenar y comprender las imágenes de lo ocurrido.
“Físicamente está en 10 puntos y técnicamente trabajaremos sobre un plan cuidadosamente elaborado”, había dicho un aparentemente optimista Escorche… Ese plan, nunca apareció, quizás fue trazado para otra pelea, o en otra vida.
“Yambito”, desnudo de vocación y enclenque de recursos, anduvo, anduvo, anduvo, siempre desorientado por todo el ring, y nunca llegó a ver la luz de la luna.
Confesó dramáticamente… “La cortina de sangre por el lado derecho de la cara, no me permitía ver bien… Estuve persiguiendo una sombra por largo rato”.
Al nica le faltó todo: el ímpetu y las agallas que mostró en sus combates más dignos de recordar contra Satoshi Ida y Jorge Eliécer Julio; la efectiva agresividad sin pausas que le vimos frente al chontaleño Adonis Cruz; la ansiedad por crecerse al máximo en una cuarta y posiblemente última oportunidad; y los recursos técnicos requeridos para saltar al ring en busca de un cinturón mundial.
“No voy a dar tregua… Estoy preparado para ejercer presión por 15 asaltos… Mis cejas resistirán… No podrá cortarme… No podrá disponer de espacio para escapar… Lo llevaré a las sogas y lo bombardearé abajo… Estará desgastado en el tramo final de la pelea”… Nada de eso fue cierto. Machado fue construyendo una ventaja imperturbable en cada una de las tarjetas, no dejando nada para discutir.
Su padre no pudo llegar, porque siempre le faltó algo, sobre todo suerte. Incluso llegó a perder peleas ya ganadas cuando se procedió a aplicar reglas extrañas, pero el hijo de Tigre sin suerte, tuvo cuatro oportunidades, y todas se desvanecieron frente a sus narices… No pudo agigantarse frente a los grandes retos y terminó desvaneciéndose tanto, que no pudimos verlo sobre el ring la noche del sábado… Fue como la sinfonía incompleta de Schubert, o la Ultima Cena de Leonardo, con uno o dos apóstoles menos.