Desde el 31 de mayo del año en curso, fecha en que le dio el primer derrame a mi madre, Amanda Abigail Díaz Parrales, la vida me ha cambiado, he tenido que sufrir y superar muchas situaciones difíciles tanto emocional como económicamente, pero en este duro caminar me he encontrado “ángeles” que me han hecho más ligera mi carga, pues me han ayudado a superar este doloroso momento de mi vida. Agradezco al Dr. Gerardo García Boza, todas las atenciones brindadas a mi madre en sus dos derrames, al cuerpo de enfermeras y enfermeros auxiliares del Hospital “Dr. Roberto Calderón Gutiérrez” (antes “Manolo Morales”), muy en especial a la enfermera Lorena Navarro Rivas, por su gran sentido humanitario. A los médicos de turno en emergencia el martes 18 amanecer del 19, por todos los esfuerzos realizados para lograr estabilizar sus signos vitales e ingresarla para ser sometida a dos delicadas operaciones, en especial al Dr. Alberto Balladares. Mi profundo agradecimiento al cuerpo de cirujanos encabezado por el Dr. Zapata, quienes le realizaron dos cirugías de alto riesgo para la vida de mi madre. Fue una experiencia dura e inolvidable para mí cuando por ser su única hija me llamaron para firmar un acta donde se autorizaba su llevada al quirófano, bajo el riesgo de que no saliera con vida, por todas las secuelas y daños que los dos derrames habían dejado en su organismo. Firmé con el corazón estrujado sintiendo que firmaba su sentencia de muerte; pero después de 4 horas salió con vida a Dios gracias, en primer lugar y luego a todos y cada uno de los médicos, enfermeras y auxiliares, que aunque no conozco los nombres de todos ellos les digo: gracias, muchísimas gracias por todos sus esfuerzos y he podido constatar que ustedes cumplen con el mandato bíblico de “amar al prójimo como a uno mismo”.
MELBA LIGIA SANDOVAL DIAZ
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