EDUARDO [email protected]
Señor Presidente de la
República y
Jefe Supremo de
las Fuerzas Armadas,
General de División
Don Anastasio Somoza D.,
Presente.
Señor presidente:
Después de abandonar la prisión a la que fui recluido por atentar contra su gobierno, he tratado cuanto ha sido posible permanecer a la sombra de la publicidad, por no ser la forma más acorde a mi manera de ser.
Durante todo este tiempo me he encontrado con y he recibido la visita de muchos compañeros militares, quienes de una u otra forma me han manifestado su solidaridad y reiterado su amistad.
He conversado también con oficiales a quienes se les esposó arbitrariamente, acusados de complicidad conmigo y que fueron llevados, una vez exonerados de toda culpabilidad, ante su presencia para oír estas inolvidables palabras: “disculpen muchachos el mal rato que pasaron por causa de un loco que los involucró”. El loco a que usted se refirió soy yo.
Ante excusa tan satisfactoria no quedaban más alternativas que, o pedir su baja por dignidad y perder su empleo con las consiguientes estrecheces económicas consecuentes de ese gesto o aceptar con amargura la ignominia de ser esposado como cualquier delincuente y continuar su servicio militar o bien, como otros lo hicieron cómodamente, desviar su indignación, odio y agresividad hacia mi persona, preguntándome yo, repetidas veces, si esos “valientes” oficiales humillados mantendrían sus amenazas de muerte hacia su verdadero agresor.
Ignoro quién fue el autor de esa vil mentira, señor presidente, sólo sé que de tan baja es asquerosa. Ignoro cómo va a inventar el coronel Bayardo Jirón S., como jefe de la Seguridad y el Tnte. Coronel Juan Lee Wong, especialmente, como mi interrogador, otra declaración mía, sin tortura, por supuesto, involucrando a esos militares y cómo va a convencer a un grupo de oficiales, clases y alistados que en un país donde tanto se pregona el respeto ciudadano, esposar a un militar para interrogarlo es un proceso civilizado. (Ironías del destino, señor presidente, un abogado como el Tnte. Coronel Juan Lee Wong, miembro del Colegio de Abogados, un hombre que juró como profesional el Derecho, defender la ley por la Justicia, reducido al papel de torturador de la Oficina de Seguridad Nacional).
(…)
Al recordar las torturas y vilipendios por los medios de difusión que sus partidarios más allegados hicieron a mi persona, no sé qué pesa más en mi espíritu, si el pesar que inspira su necesidad de dinero o el desprecio que me produce su forma de obtenerlo.
Causa tristeza e indignación, señor presidente, ver que las diferentes facciones de oposición no se coordinen entre sí por la única y sencilla razón de garantizar para sus respectivos partidos una mayor participación en un futuro gobierno, subordinando los intereses de la Patria a sus intereses económicos y de sus partidos y, Ud. claro está, muy inteligentemente, fomenta esta división, haciéndoles sus cómplices mientras sandinistas, G.N. y el pueblo en especial, mueren a diario en nuestro país.
Como puede ver fácilmente, el problema de nuestra Patria no consiste en una diferencia entre partidos políticos sino en la psicosis que el pueblo tiene de su nombre, el repudio a su gobierno y el odio a su persona. (Esto se lo digo como un comentario general de la gente del pueblo).
No imagina cuánta gente lamenta que el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica haya desperdiciado la gran oportunidad de, en un gesto humanitario y justo, ganar la simpatía del mundo al propiciar la caída de su gobierno, no importando que éste se interprete como “intervención” y si así fuera, ¿no es preferible sobrepasar este legalismo antes que desaparezcan los posibles beneficiarios de ésta?
Se imagina cuántos agradecerían al gobierno del Presidente Carter que comprendiera que para gobernar un país honesta y menos sangrientamente que como usted lo ha hecho, no es necesaria la existencia tan exigida de un líder y que la corrupción de su gobierno es la que más propicia al comunismo.
En repetidas ocasiones ha manifestado ejercer control sobre disturbios ocasionados por los elementos contrarios a su gobierno. Eso me lleva a comprender que con mayor facilidad, podría neutralizar la amenaza que representan las organizaciones irregulares de paramilitares y Mano Blanca, cuyos miembros son sobradamente conocidos por los medios gubernamentales y por la misma G.N.
A diferencia de esto yo me pregunto si los muchos militares que directa e indirectamente han sido involucrados por usted en este mar de sangre por su obsesión de permanecer en el poder, no importando para eso que tengamos que morir todos los nicaragüenses, podrían contestar, previo el análisis debido a las siguientes preguntas:
¿A quién debe el militar su lealtad, a Nicaragua o a usted?
¿Por quién está luchando la G.N.? ¿Cuál es la causa de esa lucha?
(…)
Sé perfectamente lo que significa publicar esta carta, aunque también comprendo que no lo va a derrocar. No es asunto de guerra ni de política. Por eso no habrá lugar a errores ni los ríos serán los únicos a conservar su curso, apenas es un reclamo. Alguien creó una mentira criminal para que usted se disculpara ante los oficiales vejados por la Seguridad en ocasión de mi captura, diciéndoles que yo los involucré. Alguien miente, señor presidente. Demuestre que soy yo.
BERNARDINO LARIOS M.
Tente. Cnel. (Ing).
P.D. Imagino cuántos serviles asumirán el aire de indignación que corresponde a Ud., al leer esta carta, y ahí sí, van a “arriesgarse” a transgredir la Constitución, al deliberar mi castigo por tamaño atrevimiento.