- El 60 por ciento de las casas de los nueve municipios de Masaya resultaron dañadas
- “Los pobres están más pobres, en el campo la situación es más difícil porque el campesinado no tiene financiamiento”, dijo el Cardenal Obando
LEOPOLDO ARIASCorresponsal
MASAYA.– “Me impresioné muchísimo, creí que toda mi familia estaba muerta”, declaró Martha Jiménez, hermana de Orlinda Jiménez, con quien vivió el trágico momento del terremoto en Masaya.
Jiménez y sus hijos quedaron atrapados entre los escombros de su vivienda, la primera que fue abatida por el sismo en la ciudad de Masaya, contiguo a la farmacia El Redentor. La Cruz Roja los rescató. Historias como ésta se oyen en toda la ciudad, sobre todo en el Barrio San Jerónimo, donde la mayoría de casas son de adobe y bloques de tierra, por lo que cedieron al cataclismo a las 6:19 minutos de la tarde del viernes pasado.
Los pobres más pobres, dice el Cardenal
El Cardenal Miguel Obando Bravo, Arzobispo de Managua, llegó a San Juan de Oriente con centenares de cajas de alimentos y medicinas y oró con los feligreses para que la fuerza de la naturaleza se calme.
“Siento que los pobres estén más pobres, en el campo la situación es más difícil porque el campesinado no tiene financiamiento y todo está paralizado, la Iglesia de Nicaragua es pobre y a través de COPROSA está ayudando sobre todo a los niños”, puntualizó el religioso.
“Todos los masayas pidieron al Creador que calmara la furia de la naturaleza que hizo estremecer sus viviendas como palmeras azotadas por el viento”, relató Nicolás González, mientras levantaba una champa para proteger a su familia.
“En el sector de La Reforma todo está normal, sin embargo los niños están muy nerviosos y necesitan medicinas, alimento y plástico para protegerse del sereno y de las lluvias”, expresó Orlando Blanco.
La muerte se paseó por las 95 comarcas de los nueve municipios del Departamento de Masaya, donde se estima que un 60 por ciento de las casas fueron dañadas en sus frágiles estructuras.
En la comarca Los Pocitos, de Niquinohomo, aumentó el número de casas dañadas, dijo Rafaela Muñoz, habitante del lugar. “Aquí es una de las zonas más afectadas, necesitamos ayuda”, agregó.
La mayoría de las familias damnificadas claman por ayuda alimenticia, plástico, medicinas y frazadas, porque no pueden dormir dentro de sus casas, las que muestran deslizamientos del tejado y rajaduras anchas en las paredes.
AYUDA LLEGA AL VALLE LA LAGUNA
La ayuda alimenticia llegó a la zona del Valle La Laguna, Pacaya y Diriomito, pero se centralizó en Masaya, debido a que ahí se trasladó el Comité de Emergencia que hace una evaluación de los daños en la ciudad.
Hay unas 30 casas caídas, entre ellas las de Carlos Guzmán, la familia Jiménez, Olga Balladares y Mercedes Pérez.
AUMENTAN PRECIOS
La señora María Haydée García, de la comarca San Francisco, venía del mercado y dijo que algunos productos han subido de precio.
Por ejemplo la libra de arroz se cotizaba a 4 córdobas, un córdoba más de lo normal.
Otros productos están baratos, opinaron Mirna y Flor Medina, quienes habitan en la comarca El Comején y llegaron a los alrededores del mercado de Masaya para vender pipianes.
Las señoras dieron gracias a Dios porque sus familias no han sufrido daños físicos, aunque sus casas están dañadas.
En Las Pilas Orientales se reportaron 20 casas caídas y Eduardo Dávila, de 13 años, resultó herido en la boca al caerle una teja. En Los Altos un número igual de casas resultaron dañadas, entre ellas las de Marlene Rojas, Pablo López y Daniel Calero.
PATRIMONIO HISTÓRICO AFECTADO
Las casas de adobe con más de cien años, la Basílica de Nuestra Señora de La Asunción, el Templo San Jerónimo, El Calvario y San Juan, registraron profundas grietas.
Mery Bolaños, del Comité de Distribución de Ayuda de la Vicepresidencia, informó que recibieron 100 rollos de plástico para distribuirlo a la población, 25 quintales de arroz, igual cantidad de frijoles y azúcar, los que comenzaron a ser entregados a los damnificados en la ciudad de Masaya.