JORGE LOAISIGA [email protected]
Para la psicóloga Jeaneth Velázquez, del Centro Pro Desarrollo Socioeconómico Creativo (CEDESEC), el problema de la droga en Nicaragua es grave, sin embargo, sostiene que “no hay en el país una conciencia nacional que nos una para enfrentar el fenómeno ¡no estamos sensibilizados, parece que no es nuestro problema!”.
“Lo más grave es llegar a pensar que la gente está delegando responsabilidades en otras personas bajo la lógica de que mientras yo (o mi gente) no consuma drogas, no es mi problema”, refirió la especialista.
El CEDESEC realizó en 1999 un estudio denominado “Drogas y Pandillas en Managua”, cuyo principal resultado es que el 88 por ciento de los jóvenes y adolescentes que participan de las pandillas han tenido o tienen contacto con las drogas, incluido el alcohol como droga legal, la cual es el inicio de todo joven en su relación con las drogas.
ENFOQUES PREVENTIVOS
Según Velázquez, existen diversos enfoques preventivos para el tratamiento de las drogas y los drogadictos.
Entre ellos, destacó tres modelos: El primero de ellos lo denominó ético-jurídico, el cual se sustenta en que el abuso de las sustancias es una conducta delictiva y por tanto deben adoptarse medidas punitivas.
Este enfoque destaca que la droga es un agente corruptor y el adicto a ella es un ser delincuente e inmoral y por tanto persigue dificultar la disponibilidad de las drogas.
Otro modelo es el psicosocial, que se sustenta en el reconocimiento de la complejidad de cada individuo y peso de los factores psicológicos en el ambiente. Este modelo destaca al ser humano con sus necesidades psicológicas y sociales y persigue ofrecer alternativas positivas, reducir la demanda, dar cabida a programas generales de prevención inespecífica y educación para la salud a fin de evitar un mayor contacto de la juventud con las drogas.
Velázquez menciona el enfoque sociocultural, el cual se sustenta en el entorno cultural y la estructura socioeconómica de una sociedad, el cual destaca la complejidad y la variabilidad del contexto más allá de los efectos de la droga y del propio individuo. Este modelo se propone mejorar las condiciones de vida, permear conductas menos perjudiciales e implicar a la sociedad en su conjunto en la batalla contra las drogas.