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¿Cómo fue posible que Italia llegara a la final de esta Eurocopa con un fútbol que los expertos han calificado como “miserable confiscador de las habilidades del adversario”, “matador del espectáculo”, “anacrónico y ultra-defensivo”?
La final debería ser Holanda-Francia, garantizando toda la belleza imaginable que puede proporcionarnos un mural de Salvador Dalí, pero, en lugar de esas pinceladas artísticas, lo que se supone veremos, es nuevamente la brocha gorda italiana, intentando barrer grotescamente si es necesario, con las maniobras que pueden tejer los franceses como ya lo hicieron robándole el ímpetu a Holanda.
A menos, claro está, que Italia pueda ofrecer raptos de inspiración divina como en aquel juego contra Brasil en el Mundial de España, y se atreva a salir de su fortaleza derribando murallas, para lanzarse hacia la aventura de lo impredecible en lo referente al resultado, pero previsible en lo referente a la grandiosidad del juego.
Eso es lo que todos deseamos, pero, difícilmente ocurrirá… No podemos esperar que de la noche a la mañana, Dino Zoff, alguien que en su época de esplendor y grandeza como arquero, formó parte y disfrutó del cerrojo, y que ahora como técnico le está sacando un máximo provecho “apuñalando” al fútbol, renuncie a seguir utilizándolo, justo en el momento en que puede conseguir un título europeo, proeza inalcanzable para la Squadra Azurra desde aquella gesta de 1968, cuando sólo tres de los actuales integrantes de la Selección que hoy retará a Francia, habían nacido.
La apuesta segura aparentemente es Francia, guiada por el cerebro, la vitalidad y la destreza de Zinedine Zidane, pero, ¿acaso no era Holanda clara favorita para imponerse en las semifinales?.
Ofensivamente, Holanda es más difícil de sujetar que Francia, pero una defensa extremadamente estricta en la marcación, oportuna en el anticipo, con buen manejo de los relevos y un arquero agigantado como Toldo, frustró a la tropa de Rijkard y llevó al borde de suicidio a un Frank De Bóer que falló dos penales.
Italia no debería sentirse atraída poderosamente, por alargar tanto un partido, para que sea necesario recurrir a la definición por penales. En los dos últimos mundiales, la eliminación de Italia se ha sellado en los duelos de francotiradores desde los doce pasos, sin embargo, el recuerdo más reciente, su victoria sobre Holanda, es dulce.
La última vez que Italia derrotó a Francia fue en 1978, en el Mundial de Argentina, y desde ese tiempo, la luna ha cambiado muchas veces de baterías para seguir iluminando las noches.
Pese a la poca profundidad ofensiva del equipo italiano, Zoff había preferido mantener en el banco al incisivo Del Piero… Hoy, intentando como ofrecer algo de fútbol frente a Deschamps, Henry, Anelka, Dugarry, Thuram, y resto de diestros jugadores que conquistaron la Copa Mundial del 98 eclipsando a Brasil, los italianos pueden quitarse las máscaras, olvidarse de sus hachas y jugar fútbol.
La batalla final de esta Eurocopa, se lo merece.