TITO [email protected]
Gracias Toldo, gracias… ¿Puede un arquero ganar un partido que se extiende a 120 minutos?… Claro que sí. ¿No vieron lo inmenso que lució ayer en Amsterdam, en la propia boca del lobo, Francesco Toldo, el portero del Fiorentina que se eleva 1.96 metros sobre el piso y pesa 90 kilos?
Uno puede fácil y peligrosamente, desembocar en una conclusión: Holanda se suicidó. Y es que cuando se fallan 5 penales, 2 de ellos en la etapa regular de un partido que termina 0-0, ese es el único calificativo que puede aplicarse… Pero, eso no hubiera sido posible sin la presencia de Toldo, un arquero suplente que se vio obligado a saltar a la trinchera cuando el titular, Gianluigui Buffon, del Parma, se lesionó.
Fue Toldo quien detuvo el cañonazo de Frank de Bóer gritándole a sus compañeros que no se achicaran… Cierto, Kluivert estrelló otro disparo desde los doce pasos en el poste izquierdo, pero lo clave fueron dos atajadas de Toldo en la definición por penales a Frank De Bóer y Paul Bosvelt, en tanto Stamp apuntó a las tribunas del Estadio fallando un tercer intento de fusilamiento… Por Italia, DiBaggio, Pessoto y Totti, funcionando como francotiradores eficaces, garantizaron el boleto italiano para la final de la Eurocopa 2000.
Todas las lesiones, desde la de Abel ante Caín, hasta de la de Buffon, pertenecen al capítulo de las desgracias, pero Toldo, reemplazando a Buffon, cambió el concepto, y de que manera… Uno piensa después de lo ocurrido, que Buffon no hubiera podido hacer lo que hizo Toldo en uno de los más heroicos partidos jugados por Italia en su historia. No tan bien jugado ni tan electrizante como la histórica victoria sobre Alemania en tiempo extra durante el Mundial del 70 en México, pero sí, llevando el drama al máximo de suspenso.
Desde el minuto 33, cuando Gianluca Zambrotta fue expulsado por el terrible acoso a Zenden, Italia quedó con un hombre menos en la cancha. Ese handicap otorgado a un equipo con la capacidad de destrucción que caracteriza a Holanda, normalmente es mortal.
Con un hombre menos, ¿Cómo diablos contener el oleaje provocado por la velocidad, versatilidad y genialidad de hombres como Bergkamp, Cocu, Kluivert, David, Zenden y Overmars?… Apostar en contra de Holanda, equivalía a incinerar los billetes.
Ah, pero estaba Toldo, el Supermán de casi 29 años, listo para saltar hacia el arco iris de la grandeza y atrapar la gloria.
Claro, no vamos a substimar a otros pilares de mayúscula importancia como Alessandro Nesta, ese defensa del Lazio que por su impresionante desempeño como mastín implacable, dispuesto a todo tipo de esfuerzo con tal de no ceder un centímetro a las fieras naranjas, merece un monumento en Roma, frente a la parada del Metro cerca del Coliseo… ¿Y qué decir de Fabio Cannavaro, enérgico, flexible, seguro, incansable y valiente defensa del Parma, a quien Julio César hubiera seleccionado sin vacilar para formar parte de su ejército asignándole misiones imposibles para otros?… Una y otra vez, los desbordes holandeses, rebotaron contra ellos mientras el medio campo se multiplicaba y los delanteros colaboraban atrás refugiándose en la posibilidad de contragolpes.
¿Se imaginan lo que es aguantar a Holanda entregándoles la pelota y cediéndoles el terreno?… Sólo una Italia heroica podía lograrlo.
Rijkard, el entrenador naranja, abatido, deseando que se lo tragara la tierra, renunció al puesto… Qué bueno sería contarles ese caso a algunos de nuestros funcionarios gubernamentales, que hacen malos pases, pierden juegos y fallan penales, pero siguen aferrados a sus puestos contra viento y marea.
No se puede apostar contra Holanda. Jugó mejor, parecía estar en ruta hacia la victoria, pero se hundió dramáticamente a doce pasos de la cabaña italiana por culpa de Toldo.