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Como diría Rubén, Rosendo Alvarez sigue con hambre de espacio y sed de cielo desde las sombras de su infinito desamparo.
Ayer, una vez más, circuló una noticia frustrante: la pelea Rosendo-Siriwat que estaba programada para el mes de julio, ha sido trasladada para el 19 de agosto, siempre en Tailandia, y quizás, rodeada de la misma incertidumbre.
Rosendo ha estado entrenando vanamente en Los Angeles. Es triste… Y decimos vanamente, sin exagerar, porque no es lo mismo prepararse para el 15 de julio, que desplazar el esfuerzo para el 19 de agosto, sabiendo el tipo de restricciones a que debe someterse en forma drástica el pinolero, para derrotar a la báscula y adquirir la forma física que le permita garantizar un trabajo a fondo entre las cuerdas.
Todos sabemos que el adiestramiento de un boxeador, es lo más parecido a un calvario… Dante podría haber incluido cualquier relato sobre uno de estos casos en su infierno, con la absoluta seguridad de hacerlo calzar con precisión… Vamos muchacho, arriba desde muy temprano, a correr mientras los demás duermen; a no comer mientras los demás lo hacen; a sudar como un condenado con los sparrings mientras los demás trabajan posiblemente disfrutando de las tareas asignadas; a dormir temprano después de un vaso de agua mientras los demás planean distraerse de diferentes formas por la noche… Sin sábados ni domingos, ni días feriados durante la preparación. La agenda del día es golpear el saco con rabia, bombardear la pera, agitar la soga, sentir el olor a linimentos, escuchar los gritos y los resoplidos, estremecerse durante los cambios de golpes con los sparrings, exprimirse en los baños sauna, odiar las dietas… Ay Dios, apiádate.
Ahora, imagínense lo que significa recibir la siguiente noticia: la pelea programada para el 15 de julio, ya no va, se ha trasladado para el 19 de agosto.
Más grave aún cuando la billetera del púgil no ha sido fortalecida desde el 13 de noviembre de 1998, cuando peleó por segunda vez con Finito López, hace año y medio… Deprimente aplazamiento cuando en su última presentación, frente a Tomás “El Gusano” Rojas, el nica dejó un sabor amargo después de levantarse de la lona para triunfar agotando sus reservas físicas y mostrando desajustes.
Para un peleador, acostumbrado a la agitación permanente antes de coronarse en diciembre del 95, y que fue capaz de realizar tres defensas en el 96, entrar en el congelador con sólo una pelea en el 97, dos en el 98, dos intrascendentes en el 99 y una que inesperadamente se complicó terriblemente en el 2000, el tiempo perdido, por supuesto irrecuperable en un deporte tan devastador como es el boxeo, constituye una tragedia.
Hace días, su esposa y manejadora oficial, Anita, informó que Rosendo estaba en 112 libras… Difícil de creer por supuesto, dado que con tanta anticipación, ese peso se considera imposible para un púgil, que el día de su segunda pelea con Finito, amaneció encima de las 112, y después de un esfuerzo extra, ni siquiera pudo llegar a las 108, pese a que se preparó para combatir en 105.
En el último número de la revista Boxing Digest, colocó a Rosendo como número uno en la lista de las 112 libras, adelante de todos los campeones mosca… Yo entiendo, cuando escucho decir que Rosendo está con sólo 4 libras de excedente, que algunas informaciones se sueltan con la intención de aderezar la publicidad y cerrar las puertas a especulaciones, pero de eso a ser creíbles, hay una buena distancia imposible de ser saltada por Beamon, Lewis y Powell, en sus mejores momentos.
La pelea Rosendo-Siriwat no va al 15 de julio, sino 35 días después… Mejor para Siriwat, un zurdo considerado minimosca natural… Peor para Rosendo que deberá estar tomando jugos con goteros, comiendo filete con papas sólo imaginariamente, manteniendo bajo el nivel de sus reservas financieras no fortalecidas durante dos años, asumiendo un excedente de gastos no previstos, estudiando la posibilidad de seguir en Los Angeles o regresar a casa, tratando de conseguir una comunicación con el desinteresado Don King y agobiado por la extensión del marco de restricciones a que obliga la preparación exhaustiva de un retador al título mundial… Después del Finito, Rosendo ha estado viviendo entre sombras, y desgraciadamente, continuará así por casi dos meses más, “con hambre de espacio y sed de cielo desde su infinito desamparo”, como diría Rubén.