- Todos aquellos políticos que tienen
esqueletos en el ropero, han faltado a uno de los diez mandamientos y en las próximas elecciones deberán tener
mucho cuidado
Hugo Sergio Torres Cruz
Los ciudadanos comunes y corrientes observamos con recelo las vueltas y revueltas de la política criolla, y nos sentimos estafados por la clase política profesional.
Parece que las ideas, los planteamientos y las soluciones frescas no cuentan, juegan solamente los pesos pesados, particularmente los grupos con intereses especiales. Los ciudadanos comunes y corrientes hemos sido sacados de la arena política y no tenemos ninguna influencia sobre las reglas ni los contendores.
Los muchachos de la mal llamada revolución hoy se pueden considerar activos fijos de los gobiernos de turno. Desde el año 1979 hasta el año 2000 han transcurrido 21 años como servidores públicos. Al día de hoy están más devaluados que los billetes que reimprimieron. Estoy seguro que no pueden generar ideas nuevas, ya sabemos lo que hacen cuando están en el poder y seguramente en cualquier nueva contienda electoral, pesarán más los errores del pasado que lo que puedan ofrecer para el futuro. Por sus hechos los hemos conocido. Aún sigue vigente la parábola de la víbora.
Es bien sabido que los partidos políticos mueren al devorar sus propias mentiras. Es una medida profiláctica del sistema democrático representativo. La historia nos ha ilustrado hasta la saciedad, que no se puede adoptar la política como profesión y ser honestos por siempre.
Hay un buen número de razones para que en la inmensa mayoría del pueblo nicaragüense pensemos que el modelo actual ya no nos representa. Por un lado, los funcionarios públicos están distanciados de las preocupaciones de la ciudadanía, la única manera de verlos es por la televisión y la única manera de oírlos es por la radio. En los periódicos sólo aparecen como malas noticias. Raras veces son propositivos, no se puede hablar ojo a ojo con los depositarios de nuestro voto.
Se aproximan las elecciones y seguramente al reactivarse el circo veremos y oiremos a la politicada sobre la tarima ofreciendo recetas mágicas capaces de curar todos los males. En esta nueva contienda electoral con paz, en calma y con madurez, podemos asegurar que “ya los conocemos, y como dijo el general Petain, ¡No pasarán! Ni que se camuflen ¡no pasarán!.
Todos aquellos que tienen esqueletos en el ropero, han faltado a uno de los diez mandamientos y en las próximas elecciones deberán tener mucho cuidado. Si tienen la lengua larga que se aseguren de tener el lomo grueso porque van a enfrentar verdades “El que tiene rabo de paja no se arrime nunca al fuego”. Los deshonestos que han usurpado propiedades están en la vitrina pública y si creen haberse encontrado las cosas antes que el dueño las pierda están muy equivocados. Quienes han actuado pensando en que lo mío es mío y lo tuyo es mío, la larga mano de la justicia los alcanzará irremediablemente. El molino de Dios trabaja despacio, pero seguro. La ley a veces duerme, pero nunca muere. A todos aquellos que se dedican al tráfico de drogas y creen que todo sale en la lavada están muy equivocados, la inteligencia artificial y la inteligencia natural se combinan para no olvidar nunca. Los que han hecho festín con el erario, construyendo palacetes con nuestros recursos, están cavando la fosa de su partido y se colocan en la frente el feo rótulo de corruptos. Aquellos jueces que tienen la visión atrofiada y que dependiendo de la tendencia política de los litigantes así acomodan los fallos, ya quedará tiempo para revisar sus entuertos. La justicia debería ser como la muerte que no hace distinciones con nadie y aunque teóricamente la ley se ha hecho para aplicarse igualitariamente quienes la aplican están fuertemente politizados. A los partidos políticos que alquilan su personería jurídica para dar paso a los quemados ya les quedará tiempo para reflexionar este error después de las elecciones.
Ha llegado el momento de superar el desempeño político tradicional, el vino nuevo en odre nuevo. Hay enfermedades infantiles por las que obligatoriamente se llega al desarrollo. En nuestro país las enfermedades infantiles han sido las dictaduras, las guerras civiles y las intervenciones extranjeras que nos han consumido más del 70 por ciento de nuestra vida republicana. En este nuevo milenio, en este nuevo siglo, en esta contienda electoral, queremos oír planteamientos serios, frescos que nos permitan dejar atrás el pasado y enfrentar el futuro de la mano de un nuevo liderazgo más sano y mejor intencionado.
El autor es abogado.