Somoza García ignoró dos avisos de muerte

Hoy, 44 años después, Agustín Torres Lazo concedió una entrevista exclusiva a LA PRENSA sobre los hechos del 21 de septiembre de 1956 y su impacto en la historia del país. Su obra, “La saga de los Somoza”, un texto testimonial de corte histórico, se lanzará oficialmente el próximo 29 de junio y estará a […]

  • Hoy, 44 años después, Agustín Torres Lazo concedió una entrevista exclusiva a LA PRENSA sobre los hechos del 21 de septiembre de 1956 y su impacto en la historia del país. Su obra, “La saga de los Somoza”, un texto testimonial de corte histórico, se lanzará oficialmente el próximo 29 de junio y estará a la venta en las librerías de Hispamer

ROBERTO FONSECA [email protected] Entrega

El 21 de septiembre de 1956, pocas horas antes de marcharse a su última fiesta, el General Anastasio Somoza García, Presidente de la República y Director de la Guardia Nacional, escuchó dos avisos de advertencia de que sería asesinado, pero los ignoró por completo.

Uno de los avisos provino del fundador de la Oficina de Seguridad Nacional (OSN), el norteamericano Richard Van Winckle; y el segundo, de su leal amigo, el Coronel Camilo González.

Sin embargo, el precursor de la dinastía Somoza, se rio de ambas advertencias de muerte y las calificó de “locuritas”.

— “Tacho, no vayas, que te van a matar”, le advirtió el Coronel González Cervantes, su amigo de infancia, minutos antes de abordar la caravana militar que lo conduciría a la Casa del Obrero, de León.

Somoza, dirigiéndose al joven Danilo Barreto, Jefe de Protocolo Presidencial, le respondió: “Mirá hijo, parece que hoy todos los locos andan sueltos”.

El Coronel González, entonces, le pidió registrar a todo el que asistiera a la fiesta de esa noche y “Tacho” se negó. “Sería una ofensa para mis amigos obreros”, dijo y marchó a la recepción.

Horas después, caería mortalmente herido por el impacto de cuatro proyectiles calibre 38, disparados desde un revólver Smith & Wesson, de gatillo escondido, en manos de Rigoberto López Pérez.

¿Por qué Somoza desestima las dos advertencias?, le pregunté a Agustín Torres Lazo, ex integrante de la Corte Militar de Investigación y Fiscal en el Consejo de Guerra.

“Porque en Nicaragua, en aquellos años, era una constante oír decir que querían matar a Somoza, como es el caso del famoso jorobado, que se dijo que venía de Costa Rica para matar a Somoza”.

EL JOROBADO

En los años 45 y 46, rememora Torres Lazo, la OSN recibió información de que un asistente del presidente costarricense José “Pepe” Figueres, de nombre Frank Marshall, había contratado a un jorobado para asesinar a Somoza García, durante la inauguración del puente de Ocotal.

El dictador nicaragüense dio una orden fulminante: “Al primer jorobado que vean, me le meten plomo y después averiguamos”. Sin embargo, el acto oficial transcurrió sin contratiempos.

Meses después, el embajador de Nicaragua en Guatemala, Carlos Duque Estrada, informó que el gobierno del dictador Carlos Castillo Armas le notificó que tenían detenido a un jorobado, el mismo que presuntamente atentaría contra Somoza García. Entonces, partió a Guatemala el coronel Heberto Sánchez, quien era “hombre que Somoza utilizaba para muchos servicios”, para “negociar” con el gobierno guatemalteco la extradición del jorobado. Concluidas las gestiones, voló una avioneta de la Fuerza Aérea Nicaragüense al país centroamericano, llevando a bordo a Carlos Malespín y Lázaro García, para traer consigo al famoso jorobado.

En el aeropuerto de Managua estaba esperándolos el coronel Carlos Silva, quien fungía como “el enlace” entre los Somoza y la Guardia Nacional. Era un hombre de gran confianza para la dinastía. Esa misma noche lo asesinaron a sangre fría.

“Lo fusilaron aquí en Managua, en una finca llamada El Mango, que pertenecía a la Guardia Nacional y que estaba situada detrás de donde hoy es la UNAN Managua”, dijo Agustín Torres Lazo. “En ese tiempo (allí) eran potreros y se utilizó para asesinar a mucha gente, de las que nunca se supo su nombre”.

— ¿Se comprobó si el jorobado tenía intenciones de matar a Somoza?

“No sé, pero sí sé que lo mataron”, respondió Torres Lazo.

EX AGENTE DEL FBI PARA CUIDARLE LAS ESPALDAS

Somoza García trajo a Nicaragua a un ex Agente del Buró Federal de Investigaciones de los Estados Unidos (FBI), de nombre Richard Van Winckle, para montar y organizar la tenebrosa Oficina de Seguridad Nacional (OSN), encargada de velar por la seguridad de la familia gobernante y del régimen dictatorial.

— Hábleme un poco de quién era Van Winckle, el gringo director y fundador de la Seguridad…

Somoza decide organizar la Oficina de Seguridad Nacional y para ello trae a un agente del FBI de los Estados Unidos, llamado Richard Van Winckle, un gringo alto, desgarbado. Con una decena de oficiales pasó a formar la Oficina de Seguridad. Entre los nombres que recuerdo están Oscar Morales, Ruperto Hooker, Gregorio Pichardo, Agustín Torres López, Carlos García, Lázaro García, todos ellos tuvieron participación en el andamiaje somocista de represión y se convirtieron en grandes torturadores.

Ellos conforman la Oficina de Seguridad, cuyo objetivo y misión fundamental era la seguridad de Somoza y su familia; Van Winckle dirige la Oficina de Seguridad hasta que el Coronel González se hace cargo de ella”.

— ¿Por qué escogió a Van Winckle?

Porque en Nicaragua se tenían pocos conocimientos de Seguridad Nacional, de vigilancia de gobernantes y trajeron al gringo como un hombre que sabía; años más tarde Frank Barry, también ex agente del FBI y uno de los hombres de seguridad de la Casa Blanca, fue uno de los agentes de seguridad de “Tachito” junior y de la Hope (Portocarrero de Somoza) y los acompañaba a todas partes.

La Oficina de Seguridad toma a su cargo los trabajos que antes estaban en manos de la Policía Nacional y los pone en manos de ciertos oficiales especializados en la materia, como Carlos Malespín, quien fue un conocido torturador de la Guardia Nacional, el inventor de las prácticas del pozo en el Primer Batallón. Ese método consistía en que te metían en el pozo de agua, el hombre se ahogaba y luego lo revivían para volverlo a meter”.

Cuando se organiza la Seguridad Nacional ellos se hacen cargo de eso y la tecnifican; envían a Ruperto Hooker y regresa como técnico de los polígrafos, o sea, en los detectores de mentiras.

LA BUENA ESTRELLA NO FUNCIONO

En septiembre de 1956, el entonces Teniente G.N., Agustín Torres Lazo, tenía tres meses de haber regresado a Nicaragua, tras seis años de estudios de leyes en la Universidad de Salamanca, España. Era un joven abogado, militar de carrera, apreciado por el Coronel Anastasio “Tachito” Somoza Debayle.

Los hechos del 21 de septiembre condujeron a Torres Lazo a vivir una de las etapas “más difíciles de su vida”, ya que formó parte de la Corte de Investigación y luego, como Fiscal ante el Consejo de Guerra. Es decir, en representación de la familia gobernante demandó cárcel para los 21 implicados.

Hoy, 44 años después, Agustín Torres Lazo concedió una entrevista exclusiva a LA PRENSA sobre los hechos del 21 de septiembre de 1956 y su impacto en la historia del país. Su obra, “La saga de los Somoza”, un texto testimonial de corte histórico, se lanzará oficialmente el próximo 29 de junio y estará a la venta en las librerías de Hispamer.

Entre las anécdotas destacan las dos advertencias de muerte que le formularon a Somoza García, horas antes que Rigoberto López Pérez lo ejecutara, pero que ignoró por completo. Ambas anécdotas se las relató 42 años después Danilo Barreto, un joven abogado en ese entonces, que trabajaba en el Protocolo Presidencial.

Según Barreto, único testigo de la conversación, Van Winckle se acercó a Somoza García y le pidió que suspendiera su estadía en León, ya que tenía información de que querían asesinarlo. El dictador rechazó de plano la advertencia.

— “Danilo, yo creo que este gringo está loco”, dijo Somoza García, “haceme el favor y te lo llevás, ya no lo quiero ver más”.

Barreto lo llevó a casa de otro norteamericano residente en León, donde se hospedaba Van Winckle, de nombre Joe Baranelo. En el camino, Van Winckle le pregunta si está armado y Barreto le responde que no.

— “Tomá, que la vas a necesitar”, le dijo entregándole su propia arma.

Minutos después, el Coronel Camilo González le hizo la misma advertencia al dictador, lo cual mereció otro comentario sarcástico. “Ve Danilo, parece que hoy todos los locos andan sueltos”.

–¿Por qué no tomó precauciones?, insistí en preguntarle a Torres Lazo.

Es que el hombre confiaba en su buena estrella, él siempre creía en que algo o alguien, de aquí o de otro lado, lo protegía; y a eso él llamaba su buena estrella y creía en su buena estrella.

EL HOMBRE DEL MALETIN

La segunda persona que le advirtió sobre un posible atentado fue el Coronel Camilo González, amigo de infancia de Somoza García, Jefe del Estado Mayor, conocido popularmente como “El hombre del maletín”, ya que después de confiscar a los alemanes –so pretexto de declararle la Guerra al Nazismo–; sus propiedades se sometieron a subasta pública y González era el comprador del dictador.

Camilo González fue el hombre del maletín, porque en una mano llevaba una metralleta y en la otra un maletín lleno de dinero, relató Torres Lazo. De esa manera, Somoza se apropió indebidamente de los bienes de la colonia alemana, de muchas haciendas cafetaleras y fincas, como La Fundadora, agregó.

Se llamaba Camilo González Cervantes, y según documentación consultada en el Instituto de Historia de Nicaragua, adscrito a la Universidad Centroamericana (UCA), en mayo de 1946 renunció a una pre-candidatura por lealtad a su amigo y jefe, el General Somoza García.

Para ello escribió un Manifiesto Público, fechado en Managua, 16 de mayo de 1946, y en papel membretado con la siguiente dirección: Avenida Bolívar No. 580, Teléfono No. 1.

El texto decía lo siguiente: “Deseo no contribuir a la división del Partido Liberal, y para poner mi modesta cooperación mantener compacta las filas del somocismo: hago un paro a mis actividades pro-candidaturales, esperando lo que resuelva el General Somoza, jefe supremo del liberalismo o la gran Convención, la augusta asamblea legal del partido en que he militado desde mi infancia y por el que por su triunfo, estoy dispuesto a cualquier sacrificio”.

Según Torres Lazo, González no fue un militar de carrera. “Cuando Somoza llega al Campo de Marte, a la jefatura de la Guardia Nacional, le dio un cargo administrativo, como civil”.

Sin embargo, la confianza entre ambos es tal que el 21 de febrero de 1934, horas antes de asesinar al General Augusto C. Sandino, Somoza está reunido con trece asesinos, todos ellos militares, con excepción de uno: Camilo González.

“Matan a Sandino y luego Somoza, a los dos o tres días, asciende a Mayor del Ejército a Camilo González”, relató Torres Lazo. “Siempre mantuvo una amistad cercana con Somoza y llegó a ser jefe del Estado Mayor Presidencial de la Guardia Nacional, que fue el máximo cargo que tuvo”.

UN «CUARTO DE COSTURA» DONDE SE PEGABAN OJALES

En Casa Presidencial existía un “Cuarto de Costura”, que se transformó luego en el “Cuarto de Tortura” de la dinastía Somoza. Funcionaba aparte de la OSN, como un equipo de tortura familiar, integrado por los hermanos Somoza –Luis y Anastasio– y por oficiales G.N.

Este es el relato que hizo Agustín Torres Lazo al respecto.

“Se formó un equipo que no necesariamente estaba formado por miembros de la Seguridad Nacional, con personal de Somoza, un equipo de tortura, que funcionaba como sistema institucionalizado no sólo para extraerle la verdad a la gente, sino para que dijeran (los prisioneros) lo que los Somoza quisieran que se dijera.

Esa era la doble función de ellos y en ese equipo estaban: José Iván Alegrette, Oscar Morales, Lázaro García, Agustín Torres López, “Tachito” a la cabeza, Luis Somoza y; tienen su base de operaciones en el famoso cuarto de costura situado donde está la Casa Presidencial.

El cuarto de costura era una habitación que existía en Casa Presidencial, desde la época del general Moncada y luego, de Juan Bautista Sacasa. Eran gente muy sencilla en su manera de vivir y ellos tenían una costurera en Casa Presidencial que era la que pegaba los botones, le hacía los vestidos a las esposas de los presidentes, etc.

Cuando los Somoza llegan al poder ya ellos no ocupaban el cuarto de costura porque compraban su ropa en Miami, entonces, los Somoza empiezan a usar el cuarto de costura para cuarto de tortura.

Era un cuarto que estaba cuando pasabas el famoso Salón de las Banderas, que era el vestíbulo de Casa Presidencial, la primera puerta a mano derecha, allí estaba el famoso cuarto de tortura. Tenía dos puertas, una que daba al vestíbulo y otra que daba al jardín y a la piscina en Casa Presidencial, donde estaba situada la famosa jaula de los leones.

De manera que a los prisioneros que llevaban al cuarto de torturas lo ingresaban por la puerta del jardín, ellos nunca los metían ni los sacaban por la puerta de adelante, si no por la puerta trasera.

Después de la muerte de Somoza García, doña Hope y los hijos de “Tachito” se fueron a Miami y se quedó sólo “Tachito”, entonces se pasó a vivir a la Casa Presidencial, en una habitación que estaba por el vestíbulo a 12 ó 14 metros del Cuarto de Tortura”.

Mañana: Luis Somoza ofreció miles de dólares a cambio de certificado de defunción.   

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