La elección para la historia

Muchas elecciones se han celebrado en Nicaragua a lo largo de sus casi 190 años de historia como país independiente. Pero en su gran mayoría han sido farsas electorales, comicios fraudulentos, burlas a la voluntad popular. Sólo en algunas pocas ocasiones, los políticos gobernantes han permitido elecciones libres y justas y respetaron el voto popular, ya fuera por su propia voluntad o porque los obligaron.

Democracia cumple 20 años

En la poderosa comandancia del Ejército Popular Sandinista (EPS) estaba el presidente Daniel Ortega acuerpado por más de 120 mil militares, pero rechazado por el 54 por ciento de los votantes en la interminable noche del 25 de febrero de 1990, que marcaría el fin de su gobierno.

Violeta Barrios, la mejor gobernante

A veinte años de su histórico triunfo electoral, la gestión de la ex presidenta Violeta Barrios de Chamorro (1990-1997) es la que mejor calificación obtuvo en una encuesta de la firma M&R Consultores, al ser comparada con las administraciones del sandinista Daniel Ortega y los liberales Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños.

Centroamérica el otro muro

Corrían los primeros días de noviembre de 1989. Cientos de miles de alemanes protestaban en las calles de Berlín-Este, Leipzig o Dresde contra el régimen comunista. Al otro lado del mundo, impasible ante lo que ocurría en el bloque soviético, la comandancia general de la guerrilla salvadoreña apuraba los últimos preparativos antes de lanzar la mayor ofensiva militar de su historia. En Managua, la capital de Nicaragua, donde el gobierno sandinista les daba cobijo y apoyo logístico, los cinco mandos del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) pasaban las horas alrededor de una mesa cubierta de mapas, actualizando la situación de sus tropas, que habían emprendido un sigiloso proceso de infiltración en las principales ciudades de El Salvador.

Autoridades tratan de impedir auditoría social

El Centro de Derechos Constitucionales asegura que aún cuando la Constitución nicaragüense garantiza el derecho de asociación desde hace más de un siglo, en los últimos años los gobiernos no han escondido su interés de “callar” a los Organismos No Gubernamentales (ONG), críticos de su gestión, porque de esa forma callan el descontento popular.

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