¿Perdónanos, supéralo y vente? Prohibido olvidar

Puede haber perdón y, al mismo tiempo, exigencia de verdad y castigo para el victimario quien debe responder por sus actos ante la justicia, reparación del daño ocasionado a la víctima y exigir que el crimen no se repita.

Derecho al duelo y a no olvidar

Que este y todos los abriles recordemos lo que hemos perdido y a quienes se fueron, víctimas de la represión o en la esperanza de ver una nueva Nicaragua. Que recuperemos el derecho al duelo, a despedirnos y a no olvidar.

Paren de mentir

Los oportunistas de siempre han elaborado su propia hoja de ruta para la transición después de la pareja monárquica. Otros aparecerán después, como es usual. Paren de mentir. Nadie les cree, a ninguno.

Del duelo a la palabra, resignificar para sostener la vida

Politizar el duelo no es instrumentalizar el sufrimiento: es, en mi caso, negarse a que la violencia tenga la última palabra. Cuando el duelo se nombra, se comparte y se sostiene en comunidad, deja de ser una experiencia solitaria… No solo para cerrar la herida, sino para impedir que el silencio la borre

El olvido: una receta envenenada

Los nicaragüenses nos hemos declarado amnésicos frente a la compleja década de los 1980. Nadie ha asumido responsabilidad alguna por las decenas de miles de vidas que se perdieron en la guerra de esos años, ni la “Contra” ha pedido perdón por sus atrocidades, ni el FSLN ha reconocido las suyas.

Vive con alegría e inmensa gratitud

La muerte es solamente un instante que siempre será el termómetro de cada existencia humana, mide la actitud y las acciones como los frutos que hemos sembrado y cosechado en esta tierra, la manera de apreciar la vida determina en gran parte la serenidad ante la muerte.

Contra el silencio y el olvido

El férreo control único, policía, fiscales, tribunales, diputados, magistrados electorales, apunta a ganar tiempo y silencio para llegar a las elecciones del año 2021

Rubén Darío y la fuente de noche y olvido

El 18 de enero de 1916 en León, día del 49 cumpleaños de Darío, doña Casimira Sacasa esposa del doctor Debayle, y dos de sus hijas visitan al poeta y le llevan perfumes y flores, como bandera de paz.

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