Mi casa

Estaba cipote, cuando decidí Vivir en una isla solitaria. De casa me servía un caracol, un pedazo de palma era mi ropa y cocos con pescado crudo mi alimentación. Dormía en posición fetal, al fondo de mi habitación, perdido a veces entre el laberinto espiral.

El automovilista

Corría siempre en su automóvil detrás de la muerte hasta adelantarla. En otra ocasión, era ella quien seguía sus ruedas a la misma velocidad, él pudo ver por el espejo retrovisor, su sonrisa de hoyo a hoyo de las orejas, además de sus cuencas pícaras, chispeantes.

Amor marino

Vi una mujer desnuda en el mar que me llamaba; me sumergí para llegar a su lado. Acarició mi rostro con ternura; extasiado correspondí de igual manera, y nos fundimos en un abrazo fuerte como dos locos amantes.

Los colores de la escritura

Los recuerdos me llevan a 1981, al II Festival Nacional de Teatro época en que se efectuaba la primera muestra de teatro revolucionario, así vi la obra

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