La ciudad y los perros en “boom”

Cincuenta años después de que La ciudad y los perros , primera novela de Mario Vargas Llosa, ganara el premio Biblioteca Breve, las 22 Academias de la Lengua Española rinden homenaje al gran escritor peruano con una edición conmemorativa de esta obra fundamental del “boom” latinoamericano.

Lo importante es la foto

En una entrevista de Jan Martínez Ahrens a Mario Vargas Llosa, en el diario El País, a propósito de su último libro La civilización del espectáculo , el escritor cuenta la anécdota de un taxista peruano que explicaba su apoyo a Keiko Fujimori, en las últimas elecciones diciendo que no importaba que fuese hija de un presidente ladrón, porque Fujimori había robado solamente “lo justo”. Inmediatamente recordé el parecido silogismo que llevó a muchos nicaragüenses a votar por Arnoldo Alemán en 1996, tras la estela de corrupción dejada en la Alcaldía de Managua: roba, pero al menos hace.

Los dioses indiferentes

Desde que la serie televisiva The Wire se transmitió he leído tantos elogios sobre ella que no exagero si digo que he vivido varios años esperando robar un tiempo al tiempo para verla. Lo he hecho, por fin, y he gozado con los episodios de las cinco temporadas como leyendo una de esas grandes novelas decimonónicas —las de Dickens o de Dumas— que aparecían por capítulos en los diarios a lo largo de muchas semanas.

Borges entre señoras

Entre 1936 y 1939 Borges tuvo a su cargo la sección de libros y autores extranjeros de El Hogar, un semanario bonaerense dedicado principalmente a las amas de casa y la familia. Emir Rodríguez Monegal y Enrique Sacerio-Garí reunieron una amplia antología de estos textos que publicó Tusquets en 1986 con el título Textos cautivos. Ensayos y reseñas en El Hogar (1936-1939).

Más información, menos conocimiento

Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no solo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.

Más información, menos conocimiento

Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no solo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.

Derecho de pernada

De muchacho, en los años cincuenta, muchas veces oí en Piura y en Lima a mis compañeros de barrio y de colegio jactarse de haberse desvirgado con las sirvientas de su casa. No lo decían de manera tan científica, sino utilizando una expresión que sintetizaba todo el racismo, el machismo y la brutalidad de una clase social que en aquella época se exhibían todavía sin el menor embarazo en el Perú: “Tirarse a la chola”. Entonces, los niños bien no hacían el amor con sus enamoradas, que debían llegar vírgenes al matrimonio, y para sus ardores sexuales solían elegir entre la prostituta y la criada. Ni qué decir que muchos padres alentaban sobre todo la última opción, temerosos de que la primera acarreara a sus vástagos una purgación.

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