Esas libras que sobran

Hace unos tres años, para un enero, recuerdo que me levanté y me miré al espejo. Lo que vi, debo ser honesta, me angustió. Miré a una muchacha blanca, bajita, de 23 años con los brazos rollizos, un rollito que envolvía toda la parte abdominal y que al sonreír sus cachetes parecían, además de ruborizarse, inflarse. Lo que pensé fue más angustiante aún. En unos cuantos años aquella imagen del espejo sería peor. En lugar de un rollito habrían rollos, un par de brazos que parecerían piernas, y más preocupante aún, enfermedades como diabetes, problemas cardiovasculares, presión alta…

Esas libras que sobran

Hace unos tres años, para un enero, recuerdo que me levanté y me miré al espejo. Lo que vi, debo ser honesta, me angustió. Miré a una muchacha blanca, bajita, de 23 años con los brazos rollizos, un rollito que envolvía toda la parte abdominal y que al sonreír sus cachetes parecían, además de ruborizarse, inflarse. Lo que pensé fue más angustiante aún. En unos cuantos años aquella imagen del espejo sería peor. En lugar de un rollito habrían rollos, un par de brazos que parecerían piernas, y más preocupante aún, enfermedades como diabetes, problemas cardiovasculares, presión alta…

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