Polémico dictador

Si hay algo que caracteriza al actor británico Sacha Baron Cohen es que sus bromas pueden salir o muy bien o muy mal…

El dictador

Sacha Baron Cohen deja atrás la sátira pseudodocumental de “Borat” (2006) y “Bruno” (2009) para presentar un producto cómico de la vieja escuela: una comedia guionizada. Antes, desataba a sus caricaturescos personajes en el mundo real, capturando los resultados con una cámara indiscreta. Veíamos a personas reales reaccionando a provocaciones en las cuales se ponían en evidencia los peores prejuicios de la sociedad moderna. Los episodios eran hilvanados en una narrativa episódica con un discernible arco dramático. Eran como reality shows con conciencia crítica y negro sentido del humor. Ahora, él es el dictador Aladeen de la ficticia nación norafricana de Waadiya. Se mueve en un mundo totalmente construido, poblado de personajes arquetípicos y exagerados. El paso del pseudodocumental postmoderno a la sátira clásica es una prueba de fuego para el talentoso intérprete.

Un imperfecto tirano

El dictador islámico general Almirante Aladeen, viaja a los Estados Unidos para una reunión de las Naciones Unidas, con el fin de explicar la fabricación de armas nucleares en su régimen. Allí será secuestrado y reemplazado por un doble que firmará “la democracia” en su país, Wadiya. El dictador deambulará por las calles de Nueva York, imprimiendo su particular estilo de vida, mientras intenta recuperar el poder de su región.

El Dictador

Misógino, torturador, antisemita, genocida y hasta pedófilo son algunos de los adjetivos que definen al general Aladeen, el tirano norteafricano al que encarna Sacha Baron Cohen en El Dictador y con el que lleva un paso más allá su provocación después de Borat y Bruno.

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