¿Cansado de vivir, cansado de que otros vivan? Sobre la eutanasia

La verdadera compasión no consiste en eliminar al que sufre, sino en permanecer junto a él. No es un acto de supresión, sino de presencia. Acompañar al moribundo no es prolongar inútilmente el dolor, sino reconocer que su vida sigue teniendo valor, incluso —y especialmente— en la fragilidad.

El ocaso de la diplomacia ante el mesianismo político

El silencio que sigue a estos disparos parece ser el presagio de un mundo donde ya no se busca la verdad, sino la victoria total. ¿Qué queda de la esperanza cuando incluso el llamado a la compasión es denunciado como un acto de traición al Estado y el rostro del otro es borrado bajo los escombros de la ideología liberal?

Dar fuerza a la verdad y a la bondad; sólo así podremos ser felices

Lo capital es saber acogerse y recogerse, compartir y donarse con los brazos abiertos, elevados hacia lo celeste, hacia esa vida anímica, que es lo que realmente nos fraterniza, estimando al prójimo hasta volverlo próximo. Esto nos requiere más desprendimiento que avaricia.

Un cuento de Navidad

Espero que el Niño Jesús nazca en el corazón de cada nicaragüense sin importar las fronteras, que no tengan que ser visitados por fantasmas para reflexionar sobre el aporte que dejan con sus vidas y que puedan perdonar a aquellos que forjan cadenas amasando fortunas, robando propiedades e ignorando lo que de verdad importa.

El Apocalipsis, el camino y el triunfo de la palabra sobre la nada

Para Shopenhauer, toda virtud verdadera se basa en la compasión, pues supone que todos somos uno y un mismo ser. La compasión, término proveniente del griego, significa literalmente “sufrir juntos” o el sentimiento que implica la comprensión del dolor que padece otro ser y el deseo de aliviar o eliminar tal sufrimiento.

Tiempo para el encuentro, no para el encontronazo

Es menester cuestionarse, buscar y rebuscar el verdadero amor, que no es otro que aquel que colma de significado y alegría la vida. Sea como fuere, estamos en un soplo de espera e ilusión, de reflexión y de transformación. Prepararse para ello, es la luz, que espigará en fraterna filiación.

Lo que no hay

El amor. Olía fatal. Pero ya no pesaba. Su cuerpo, me dice Ricardo, al recordar las últimas horas de su mujer, que murió de cáncer.

Sin compasión

Era un buen día para morir. El balón no estuvo dividido. Parecía que el campo estaba a la mitad, sin reservas, sin desnudez, sin contemplaciones, con el dominio de un equipo que representaba el liderato, que se jugaba la demostración de que el primer lugar no era una ilusión de las circunstancias, sino que argumentaba con goles, buen juego y ataque preciso, que 39 puntos en 18 partidos tenían un nombre. Se convertía en el significado de un conjunto que salía del rotundo fracaso en que Florencio Leiva los había dejado, y ahora están en una transformación que transpira resultados.

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