Erika Lorenz en un ensayo editado por el Instituto Iberoamericano (Hamburgo, 1956) con traducción y notas del alemán al español del recordado profesor Fidel Coloma, publicado en 1960 por la Academia Nicaragüense de la Lengua, pone a Rubén Darío “bajo el divino imperio de la música”, no porque a ella se le hubiera ocurrido el periplo a semejante constelación, sino para certificar a través de una diáfana, purificante investigación estética, que él cumplió con el ideal de concretar la vibración de sus versos, de ponerle sonoridad a las letras en la extraordinaria búsqueda de “transformar a la lengua española en un cuerpo sonoro, apto para expresar todas las vibraciones anímicas” (Erwing Mapes en La Influencia Francesa en Rubén Darío , París, 1925).