Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Hay que ser un viejo poeta para encontrar las palabras que quiero. Y además, como dice una amiga, en Nicaragua también se han secuestrado las palabras. Ya no se entienden. Salen sucias.
Para comenzar, nunca se había visto en nuestra accidentada historia, que un régimen cortara el agua y la luz a indefensas madres, que dentro de una iglesia han declarado una huelga de hambre por la libertad de sus hijos
Puede que a balazos y patadas alargue su agonía, pero no cambiará su condición de desahuciado. Es un gobierno que está muerto y no se ha dado cuenta.
Un gobernante creyente debería tener mucho mayor temor al juicio de Dios que a perder el poder. Pues ¿de qué le sirve conservarlo largo rato, si puede costarle una eternidad en el infierno?
Además de la pretensión dictatorial y dinástica, Ortega comparte con Somoza otros rasgos, y hasta sus palabras
En los años cincuenta el ícono de la guerra fría, era el paralelo 38, la línea imaginaria que partía Corea. En la década siguiente esa línea zigzagueaba con su trazo rojo en el plano malva y magenta de Berlín
Lo que sucedió en Bolivia se volvió tan importante para Nicaragua, porque desde el principio empezamos a vernos en ese espejo.
Un cambio que exige una transformación de nuestro estilo de desarrollo que se base en el fortalecimiento de la democracia, los derechos humanos, el multilateralismo, la paz, la igualdad, y la sostenibilidad
Si bien es cierto que doy por descontado que volveremos a ser república, también tengo que externarles el temor que siento ante la escogencia del hombre o mujer que habremos de elegir para que nos conduzca por el difícil camino hacia la democracia
Uno de ellos procede de conocer el odio que ha sembrado. En Washington uno puede circular frente a la Casa Blanca. No así frente a El Carmen.