Trump deshumaniza a los inmigrantes
No hay discurso más peligroso que el que deshumaniza al otro. Más que locura, encierra mucha maldad. Lo único bueno que tiene Donald Trump es que no la oculta. Están avisados.
No hay discurso más peligroso que el que deshumaniza al otro. Más que locura, encierra mucha maldad. Lo único bueno que tiene Donald Trump es que no la oculta. Están avisados.
Lo que le queda es sacarse de la manga que ya es Navidad en Venezuela y se pone un chándal rojo para estar a juego con su pesebre particular. A cuestas lleva un saco cargado de miseria. Con toda seguridad, los Reyes le dejarán carbón otro año más.
La oposición no tiene otra salida que la de resistir y los gobiernos democráticos, el deber moral de castigar con sanciones y aislar a un régimen que viola los principios básicos de una sociedad abierta. Poco más puede hacerse mientras se alienta un cambio desde dentro del chavismo. Si no, que se lo pregunten a los cubanos después de la friolera de 65 años.
Donald Trump estaba seguro de que en esta ocasión derrotaría a un Joe Biden muy mayor y frágil. Ahora, con una adversaria de 59 años frente a sus 78, él representa un pasado muy necesitado de regeneración dentro de su partido. De pronto, el trumpismo no puede zafarse de su imagen rancia.
Donald Trump y Elon Musk comparten su desprecio por los principios democráticos. A lo largo de su diatriba en X, el expresidente coreó la mentira de que en 2020 fue víctima de un fraude electoral. Su casi nulo entrevistador le da la razón. De lo que se trata es de justificar la intentona golpista del 6 de enero de 2021.
Todo se ha democratizado desde entonces: los viajes en avión, en barco, tours que dan la vuelta al mundo, la experiencia de cenar en la primera planta de la Torre Eiffel. Es cuestión de ahorrar para permitirse un pequeño lujo.