Exembajador de Nicaragua ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y exmiembro del Cuerpo de Paz de Noruega (FK). Fue destituido como embajador ante la OEA en 2022, después de haber denunciado los crímenes cometidos por la dictadura de Nicaragua. Fue desnacionalizado y actualmente vive en el exilio.
El presidente Petro no puede poner la ideología por encima de los derechos humanos. No basta con aparentar molestia, se requiere tomar acciones firmes y contundentes, más allá de la apariencia mediática. Ojalá así sea.
. En 33 años de vida, la organización creada por Castro y Lula no ha aprendido nada. Lejos de ser un Foro se parece más a un monólogo, un altoparlante del poder, apoyada por sus leales servidores y lacayos.
Daniel Ortega carga sobre sus espaldas el asesinato de 355 nicaragüenses, 600 mil exiliados y una tiranía de 16 años. Su peor pesadilla es ser confrontado por la prensa libre o sus víctimas desterradas.
La OEA tiene fundamentos sólidos que van más allá de las ideologías de turno. La democracia y los derechos humanos siguen siendo la piedra angular que sostiene firme sus bases, a pesar de las mareas rosas y las dictaduras rojinegras.
La gira del presidente de Irán por Cuba, Nicaragua y Venezuela trae pobreza y peligro para nuestra región y es una provocación flagrante a Estados Unidos. Es por eso que hay que dejarlo claro: el inquilino persa no es bienvenido y entre más pronto se vaya mejor.
El exguerrillero del M-19 y presidente de Colombia, Gustavo Petro, debe renunciar. No porque sea culpable, sino porque se necesita esclarecer su inocencia. Es lo que sucede en una democracia saludable.