Sandra Elizabeth Cornejo Córdoba dice tener 19 años, o al menos eso calcula. Cuando tenía 15, fue captada por una mujer que le prometió llevarla a Costa Rica para trabajar, ganar dinero y ayudar a su familia. Sin embargo, terminó sometida a explotación laboral en El Salvador.
Sandra es una mujer indígena mayangna, originaria de la comunidad de Yapuwuas, en Ayapal, Jinotega, Nicaragua. La mujer que la captó, a quien identifica como Arelis de los Ángeles Flores Talavera, trabajaba en un bar y la convenció.
“Ella me vio y me ofreció viajar, que yo podía ganar dinero en otro país, yo le creí, pero realmente me llevaba para que le hiciera trabajos a ella, lavar ropa, cuidar niños y limpiar. Cuando vi que no me iba a pagar, le pedí que me regresara a mi casa, pero me amenazó con matarme”, declaró Sandra a LA PRENSA.
“Primero me llevó a Costa Rica poco tiempo, luego con papeles falsos ella me trajo aquí a El Salvador”, agrega la joven. La situación de explotación laboral se prolongó durante unos cuatro años, periodo en el que no pudo comunicarse con sus familiares. “Hace tiempo yo no tenía comunicación con mi familia”, dijo.
Ahora Sandra quiere regresar a Nicaragua, pero necesita hacerlo de manera regular y no tiene documentos de identidad. La joven tampoco comprende plenamente qué significa contar con una identidad legal. Recuerda que asistió a la escuela durante algún tiempo, pero no aprendió a leer ni a escribir.
Hoy pide ayuda a las autoridades y a las organizaciones que puedan apoyarla para regresar a su comunidad y reunirse con su familia.

Pidió ayuda
A mediados de 2026, Sandra fue dejada por la misma mujer en la casa de María Ignacia Reyes, una salvadoreña que vive en el departamento de La Unión. Al ver las condiciones en las que se encontraba la joven, Reyes la instó a denunciar la situación de explotación y posible trata de personas. El caso es atendido por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
“Esa mujer Arelis me pidió dinero prestado, mil dólares, y me dijo que Sandra quería trabajar y que se quedara conmigo. Luego, cuando hubo oportunidad, la chica llorando me dijo: ‘Ayúdeme’ y me contó todo”, relató Reyes a LA PRENSA.
“A mí me dio una gran lástima. Sus dedos de pies y manos estaban lastimados, enfermos. Mi hija la curó. Cuando esa mujer volvió, ya no se la entregué; yo la escondí y luego llamé a la Policía”, añadió.
Desde entonces, Reyes ha buscado ayuda para Sandra y ha mantenido contacto con la Organización Internacional para las Migraciones. También le compró un teléfono celular para que pudiera comunicarse con sus familiares en Nicaragua.
“Ella habla con su familia, pero no le entendemos, habla con ellos en otra lengua”, explicó.
La lengua materna de Sandra es el mayangna. Durante el tiempo que estuvo incomunicada, sus padres llegaron a darla por muerta. Tan pronto como tuvo un teléfono, la joven los contactó: “Estaban diciendo que yo estaba muerta, pero era pura mentira, estaban sacando inventos”, contó.
“A ella le está costando mucho adaptarse aquí. También buscamos ayuda en derechos humanos. Le pedimos a su mamá una partida de nacimiento, pero no la han enviado”, señaló Reyes.
Sandra necesita apoyo de las autoridades para resolver su situación migratoria, obtener los documentos que le permitan identificarse legalmente y encontrar una vía segura para regresar a Nicaragua y reunirse con sus seres queridos.
La joven es originaria de Ayapal, una zona de Jinotega donde muchas familias enfrentan condiciones de pobreza.
Una mujer que conoce el sufrimiento de los migrantes
María Ignacia Reyes conoce de cerca las dificultades que puede enfrentar una persona migrante en otro país. Con llanto, recuerda que dos de sus hijos intentaron llegar a Estados Unidos, pero fueron secuestrados y golpeados durante su paso por México.
“A mi hijo me le quebraron un brazo, se lo dejaron hecho pinol, y hubo un ángel de Dios, una anciana, los sacó de donde los tenían. Ese día los iban a matar”, contó Reyes.
Después de aquella amarga experiencia, sus hijos finalmente regresaron a El Salvador. Ahora, Reyes ha decidido proteger a Sandra, como también ha procurado ayudar a otras personas extranjeras que han necesitado apoyo.
“Dios ha tocado el corazón para que ayuden a mis hijos, ahora yo trato la manera de sembrar esta semilla”, expresó.
Mientras busca regularizar su situación migratoria y encontrar una vía para regresar a Nicaragua, Sandra permanece en el departamento de La Unión, a la espera de la ayuda que le permita volver a casa. Su caso salió a la luz, luego que María Ignacia Reyes denunció el caso en los medios salvadoreños