La Fundación alemana Konrad Adenauer publicó esta semana la información, interesante a la vez que alentadora, de que en América Latina el apoyo a la democracia está repuntando. Esto —explica la mencionada fundación política—, a pesar de que la democracia en Latinoamérica “convive con baja satisfacción gubernamental, tolerancia a Ejecutivos sin contrapesos y un giro electoral a la derecha que todavía no constituye una transformación ideológica profunda”.
La información de la Konrad Adenauer se basa en el Barómetro de las Américas 2026, según el cual “después de más de una década de deterioro, el apoyo a la democracia volvió a crecer en América Latina”.
El Barómetro de las Américas es un proyecto de investigación de la prestigiosa Universidad de Vanderbilt, ubicada en la ciudad de Nashville, Tennessee, Estados Unidos (EE. UU.) y está basado en una encuesta de opinión pública a nivel internacional, la única que cubre de manera permanente y sistemática a todo el continente americano, tanto la América del Norte (Canadá, EE. UU. y México) como Centroamérica, América del Sur y la región del Caribe).
El objetivo del proyecto es medir valores políticos e ideológicos, actitudes personales y sociales, experiencias y opiniones de la gente sobre la democracia, la gobernabilidad, la economía, la seguridad, la corrupción y la migración como un fenómeno sociopolítico antiguo, pero que en la actualidad ha adquirido una gran preponderancia.
Lo más interesante del informe de Latinobarómetro 2026 es que después de varios años de disminución del apoyo ciudadano a la democracia este año “el 65 por ciento de los latinoamericanos considera que, pese a sus problemas, la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Son seis puntos más que en 2023 y el nivel más alto en más de diez años”. Además, “el aumento aparece en casi todos los países, edades y niveles educativos; no está concentrado en un sector y sirve como referencia clave para analizar esta tendencia positiva”.
Advierte el informe que “la recuperación no equivale a una reconciliación definitiva con el sistema. Uruguay registra 86 por ciento de apoyo y Perú apenas 50 por ciento. Entre ambos extremos, la región vuelve a valorar la democracia, pero la juzga por resultados concretos. Quienes no sufrieron solicitudes de soborno policial muestran diez puntos más de apoyo democrático. Para aquellos que no padecieron inseguridad alimentaria, nueve puntos más. Y finalmente, quienes mejoraron sus ingresos económicos tuvieron siete puntos más que aquellos cuyos ingresos disminuyeron». Lo cual indica que “la democracia recupera respaldo cuando la vida cotidiana deja de empeorar”.
Latinobarómetro 2026 califica a Nicaragua como una dictadura y por lo tanto no muestra datos específicos sobre este país. Lo que es obvio porque no hay ninguna posibilidad real de entrevistar y consultar a los nicaragüenses.
Pero el informe no olvida a Nicaragua. En el capítulo titulado “Sin elecciones no puede haber democracia», Latinobarómetro 2026 señala lo siguiente:
“Las elecciones han pasado a ser un elemento de legitimación indispensable para cualquier gobernante, dictador o no. Es por ello que ha causado mucha reacción Daniel Ortega, dictador de Nicaragua, cuando anunció en julio de 2026: «Aquí no volverá a haber elecciones”.
El informe agrega que “la reacción que causó este anuncio da para pensar que en América Latina se puede ser dictador, pero no se puede dejar de hacer elecciones; también se pueden inventar resultados o robarse las elecciones como lo hizo Maduro en Venezuela en 2024, pero no se acepta que alguien diga que no habrá elecciones. Por dramático que parezca, es un síntoma de la resiliencia de la democracia: los pueblos quieren al menos tener la ilusión de que la soberanía reside en ellos. Deben tener elecciones, tener la posibilidad de alternancia en el poder, como dice la teoría democrática”.
Así es, ciertamente. De allí que aún oprimidos y reprimidos por una dictadura terrorista como la de Daniel Ortega y Rosario Murillo, los nicaragüenses no dejan de soñar con la democracia, y de luchar por ella en la medida de sus posibilidades con la esperanza de que más temprano que tarde será de nuevo una realidad.