Cómo superar el malestar alemán

No hace mucho, Alemania parecía un país infalible, gracias a su sólida economía, su excelente infraestructura y su sistema político estable. Sin embargo, ahora da la impresión de que no puede hacer nada bien. Con una economía estancada y una infraestructura en ruinas se está quedando atrás tecnológicamente y sucumbiendo ante partidos políticos extremistas.

Cinco factores explican este profundo malestar, y todos provienen de fallas de liderazgo. En el frente económico, la dinámica que llevó al país a superar la crisis financiera de 2008 fue sacrificada a la complacencia política. En la larga cancillería de Angela Merkel no se implementaron reformas sociales ni económicas importantes, y los intentos de reforma de Olaf Scholz se vieron finalmente frustrados por un gobierno de coalición disfuncional. Ahora, su sucesor, Friedrich Merz, no se encuentra en mejor situación.

Al mismo tiempo, las corporaciones alemanas, obsesionadas con las exportaciones, ignoraron en gran medida las oportunidades que ofrecía el mercado único europeo. En lugar de centrarse en desarrollar la capacidad económica en Europa, los líderes empresariales y políticos alemanes se dejaron seducir por la magnitud del mercado de exportación chino y por la energía barata importada de Rusia. Pero todo se derrumbó en 2022 cuando la invasión rusa a gran escala de Ucrania trastocó la ingenua postura geoeconómica de Alemania, y el daño se ha visto agravado por los aranceles impuestos por el presidente estadounidense Donald Trump y la guerra que decidió librar contra Irán.

Estos errores económicos vinieron acompañados de otros sociales. Cuando cientos de miles de refugiados y migrantes de Oriente Medio y el Norte de África llegaron a Europa hace más de una década, Alemania respondió con el lema «Wir schaffen das» (Lo lograremos), al igual que cuando llegaron los ucranianos hace cuatro años. Pero si bien Alemania ha acogido con los brazos abiertos a los recién llegados, su irregular historial de integración la ha dejado fragmentada, con lo que equivalen a sociedades paralelas.

Peor aún, la demanda de la población de prestaciones sociales sólidas chocó de frente con el «freno de la deuda» (un límite estricto al déficit) que redujo el gasto público después de 2009. Como resultado, comenzaron a crecer los resentimientos, especialmente entre los grupos de menores ingresos, y esta tendencia alimentó el tipo de sentimiento antiinmigrante que los populistas siempre están dispuestos a explotar.

Otro factor que contribuye al malestar actual es el fracaso de la élite. La élite de Alemania Occidental, que aún ostenta el control mayoritario incluso 35 años después de la reunificación, no ha logrado promover una mayor presencia de Alemania Oriental en los negocios y la política, lo que ha generado un desequilibrio político y cultural perjudicial. Los alemanes del este se sienten ajenos a Occidente, y los del oeste se resienten de tener que financiar las transferencias de recursos hacia el este. No sorprende que el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) obtuviera inicialmente un apoyo electoral significativo en el este.

En todos estos temas, los partidos políticos tradicionales fallaron estrepitosamente. Los partidos de centro (los democristianos, los socialdemócratas, los verdes y los demócrata-libres) han gobernado en diversas coaliciones durante casi un cuarto de siglo, pero no han logrado aprobar reformas importantes desde las reformas del mercado laboral impulsadas por el canciller Gerhard Schröder a principios de la década de 2000. Su complacencia fue tal que no comprendieron ni interpretaron correctamente los sentimientos políticos que propiciaron el éxito de la AfD, y ahora también de Die Linke (Partido de la Izquierda).

Cuando la AfD se consolidó como un contendiente político serio, los partidos de centro intentaron aislarla. Al no lograrlo, erigieron una barrera política (Brandmauer) que impedía cualquier cooperación con ella. Algunos incluso barajaron la idea de declarar inconstitucional a la AfD. Sin embargo, esto derivó en un estancamiento político, y actualmente los únicos partidos que obtienen avances son la AfD y Die Linke.

La cultura es otro problema (aunque más sutil). Alemania carece de una narrativa unificadora que se asemeje remotamente al sueño americano o a la «Gran Nación» francesa. Incluso al acoger a muchos más inmigrantes, su cohesión se basaba únicamente en su éxito económico y social de la posguerra.

En concreto, Alemania es un sistema político cohesionado por lo que los politólogos denominan legitimidad de resultados: la capacidad de garantizar y ofrecer una alta calidad de vida. Este vínculo se mantiene solo bajo ciertas condiciones: el éxito continuado. Cuando el país se enfrenta a dificultades y no logra cumplir con lo prometido a lo largo del tiempo, no puede recurrir a la perseverancia británica, el pragmatismo holandés ni la tenacidad estadounidense. En cambio, solo quedan resentimientos e inercia.

Para superar el estancamiento de Alemania se requieren cuatro cambios, ninguno de ellos fácil, y algunos que podrían rozar el suicidio político en aras del bien común, como hizo Schröder al impulsar reformas laborales sumamente impopulares. En el ámbito económico, Alemania debe tomar en serio el potencial del mercado único y adoptar finalmente las recomendaciones del informe sobre competitividad europea del ex primer ministro italiano Mario Draghi. Al reorientar su política económica e industrial en consecuencia, Alemania puede asumir un papel de liderazgo en la creación de mercados únicos para la inversión y el capital, así como en el desarrollo de los sistemas de comunicación y la digitalización, reduciendo de esta forma la brecha de innovación con Estados Unidos y China.

En términos de política social, no hay manera de que se puedan mantener los estándares actuales. La situación exige un cambio significativo del consumo (pagos en efectivo a los hogares) hacia la inversión en educación y atención médica, lo que requiere una recalibración de los sistemas de salud y pensiones. Dado que muchos privilegios antiguos tendrán que desaparecer, esta es la propuesta políticamente más arriesgada. Pero dadas las proyecciones demográficas y económicas de Alemania, ningún partido ni gobierno de coalición puede evitar tales reformas.

Lo mismo ocurre con la gestión de la inmigración, donde la mejor manera de integrar a los recién llegados o a sus hijos es mediante la movilidad social ascendente. Alemania necesita inmigrantes, pero no puede permitirse que languidezcan en sectores mal remunerados y sociedades paralelas. Se necesitarán incentivos más sólidos basados en el rendimiento en la educación y la formación profesional.

En el plano político, los partidos tradicionales deben reagruparse, tal vez fundando uno o dos nuevos partidos centristas. Dado que los partidos actuales reflejan la antigua República Federal, no sorprende que les cueste adaptarse a un mundo radicalmente transformado. ¿Por qué no crear un partido conservador que atraiga a los votantes moderados tanto del Este como del Oeste? ¿Y por qué no hacer lo mismo desde el centroizquierda? Un nuevo comienzo podría revitalizar el centro político en la lucha contra el populismo de izquierda y de derecha.

Finalmente, Alemania necesita reformar su sistema federal. Dado que muchos estados alemanes son demasiado pequeños y financieramente débiles para ser autosuficientes, deberían consolidarse, reduciendo el número total de 16 a alrededor de ocho.

Afortunadamente, muchas de las soluciones que Alemania necesita —desde acelerar la digitalización e integrar a los inmigrantes hasta construir viviendas y mejorar la eficiencia de las agencias públicas— pueden adoptarse de otros países europeos. Hay que acabar con la arraigada obsesión por los métodos propios. Europa necesita una Alemania fuerte y estable, y Alemania, a su vez, necesita una Europa estable.

El autor es profesor de Sociología en la Hertie School de Berlín y profesor adjunto de Políticas Públicas y Bienestar Social en la Luskin School of Public Affairs de la UCLA.

Copyright: Project Syndicate, 2026.
www.project-syndicate.org

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