El Premio Nobel de la Paz de este año le ha sido concedido a la jurista sudafricana Navanethem Pillay. El Comité del Nobel de Noruega se lo ha otorgado en reconocimiento a su lucha destacada para que se castigue el genocidio, pero también por su defensa de los derechos humanos de los migrantes, refugiados y exiliados.
Es el segundo año consecutivo que el Premio Nobel de la Paz se le concede a una mujer. El año pasado la galardonada fue la venezolana María Corina Machado, ejemplar luchadora por la libertad, la democracia y el respeto a los derechos humanos en Venezuela.
María Corina Machado tuvo que viajar de manera clandestina a Noruega, en diciembre de 2025, para recibir personalmente el Premio Nobel de la Paz. Pero desde entonces no ha podido regresar a Venezuela, a pesar de que en enero el dictador Nicolás Maduro fue derrocado por Estados Unidos mediante un operativo militar especial.
La jurista sudafricana galardonada este año con el Premio Nobel de la Paz fue alta comisionada de las Naciones Unidas para los derechos humanos. Presidió la Comisión Internacional Independiente de la ONU que investigó las acusaciones contra Israel de haber cometido genocidio en Gaza, en la guerra de represalia por los también actos genocidas que fueron cometidos por la organización terrorista palestina Hamás, contra la población civil israelí el 7 de octubre de 2023.
Pillay es actualmente jueza ad hoc en el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, que estudia la aplicación de la Convención sobre Prevención y Castigo del Delito de Genocidio a la dictadura militar de Myanmar (Birmania), por la represión genocida contra la minoría nacional rohingya, a la que tiene el propósito de exterminar.
Según el presidente del Comité Noruego del Nobel de la Paz, Jorgen Watne Frydnes, el premio se le ha concedido a Navanethem Pillay porque ella “ha sido fundamental para garantizar que los crímenes de guerra, los crímenes de lesa humanidad y el genocidio sean perseguidos judicialmente”. Destacó también su defensa del Estado de derecho y del derecho internacional como vía para resolver conflictos sin recurrir a la fuerza; su lucha contra la impunidad ante los crímenes de guerra y para lograr que sus responsables rindan cuentas mediante mecanismos de legalidad internacional.
A eso hay que agregar la defensa de los migrantes, refugiados y perseguidos de todas partes del mundo. De quienes la Premio Nobel de la Paz 2026 asegura que «no pierden sus derechos humanos simplemente porque se desplazan de un país a otro por cualquier motivo».
“Queremos que los migrantes sean valorados y que los solicitantes de asilo sean tratados como seres humanos”, ha dicho la jurista sudafricana. “Ellos siempre han buscado nuevas oportunidades o han huido de situaciones peligrosas, por lo que no deberían ser vistos como una amenaza”, agrega Pillay. Y advierte que “estas personas debían ser valoradas por su posible contribución a la sociedad receptora, en lugar de recibir un trato propio de delincuentes”.
De manera que el Premio Nobel de la Paz 2026 puede valorarse también como un reconocimiento solidario a los casi un millón de nicaragüenses que han debido salir del país obligados por la persecución de la dictadura. Los que esperan la oportunidad para poder regresar con garantías a la patria a la que pertenecen, pero de la que fueron echados por una odiosa dictadura antinacional.