Advertencia sobre los riesgos agravados de invertir en Nicaragua

Nicaragua no es un país precisamente atractivo para que los inversionistas extranjeros arriesguen sus capitales. Es cierto que invertir implica necesariamente correr riesgos, pero en Nicaragua son más y agravados por un régimen político autoritario y corrupto.

Los economistas advierten que la inversión de capital siempre va acompañada de los riesgos de fluctuaciones de mercados, problemas inflacionarios, de crédito, liquidez y divisas, etc. Son riesgos normales que los inversionistas corren conscientes de que no todas las inversiones son necesariamente exitosas, que algunas pueden fracasar. Sin embargo, los inversionistas se arriesgan más a invertir en países que ofrecen garantías de estabilidad política y social, seguridad jurídica, posibilidad de repatriar las utilidades en caso de que no se quiera reinvertirlas, etc.

Sobre la falta de garantías para las inversiones en Nicaragua, el Departamento de Estado de Estados Unidos (EE. UU.) ha advertido nuevamente a los inversionistas estadounidenses. En un informe sobre el clima de inversión para Nicaragua dado a conocer esta semana, el Departamento de Estado ha pedido a los inversionistas estadounidenses actuar en este país con “extrema cautela”, porque no pueden confiar en la existencia de un Estado de derecho ni en reglas previsibles.

Específicamente, la advertencia se refiere a riesgos crecientes para los inversionistas y bancos estadounidenses, como confiscaciones y títulos de propiedad poco confiables que debilitan las garantías crediticias; deficiencias en el cumplimiento de los contratos y en la recuperación de créditos; impuestos y multas arbitrarios que amenazan el flujo de caja; presiones relacionadas con las sanciones y vulnerabilidad de las relaciones de corresponsalía bancaria; falta de transparencia en la propiedad de las empresas, la deuda y las contrataciones públicas; mayor control político sobre la inversión y las instituciones financieras, acceso a divisas y dependencia del comercio con Estados Unidos y de las remesas provenientes de ese país.

Por todo eso que menciona el informe del Departamento de Estado es que Nicaragua ocupa el puesto número 125 en el Índice Mundial de Libertad Económica elaborado por la Heritage Foundation. Inclusive, en 2026 el país ha retrocedido cuatro puntos en relación con el año anterior y ahora está en el puesto 26 de los 32 países clasificados en las Américas.

En Centroamérica, Nicaragua tiene la calificación más baja de las seis economías centroamericanas. Está en último lugar, por debajo de Costa Rica, El Salvador, Honduras, Guatemala y Panamá. Esto se debe, sobre todo, según el informe de Heritage Foundation a la falta de independencia judicial, la corrupción institucionalizada y la incertidumbre en los marcos regulatorios y de inversión.

Señala la fundación estadounidense que en Nicaragua el régimen político tiene amplios y discrecionales poderes de confiscación, acoso fiscal y reglas de contratación pública adaptadas para favorecer a ciertos proveedores privilegiados, en detrimento de la inversión privada general.

Los codictadores Ortega y Murillo hablan de que Nicaragua es un país de tipo socialista. Incluso incluyeron este concepto en su constitución del Estado. Pero la verdad es que Nicaragua es un país capitalista, pero de la variedad del capitalismo corrupto, un capitalismo de familiares, amigos y socios internacionales sin escrúpulos.

Sin embargo, para decirlo con palabras del profesor de Economía de la Universidad de Chicago, Luigi Zingales: “El capitalismo no sólo requiere de la libertad de emprendimiento, sino también de normas y políticas que propicien la libertad de entrada al mercado, que faciliten el acceso de los nuevos actores a los recursos financieros y que mantengan un campo de juego nivelado para todos los competidores”.

De manera que la recuperación de la libertad y la democracia en Nicaragua es indispensable también para el saneamiento de la economía y el buen funcionamiento del sistema capitalista de libre competencia y mercado.

El desarrollo económico de Nicaragua y la prosperidad de los nicaragüenses no serán posibles mientras permanezca la dictadura. Para eso se necesita imperiosamente libertad y democracia.

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