Uno podría tener la falsa impresión de que el argumento de La letra escarlata, la célebre novela del autor estadounidense Nathaniel Hawthorne, pertenece a un pasado lejano. A fin de cuentas, Hawthorne la publicó en 1850 y la trama discurre en la puritana Nueva Inglaterra de principios del siglo XVII.
Nada más lejos de la realidad. El escarnio público del que es objeto la protagonista de la obra, Hester Prynne, señalada como adúltera en aquel entonces, sigue estando muy presente a la hora de juzgar a las mujeres por una supuesta promiscuidad sexual, sobre todo si se trata de mujeres jóvenes en comparación con varones de igual o parecida edad. En la ficción, Hester Prynne es obligada a afrontar el repudio exhibiendo en el pecho la letra “A” de adúltera, con el agravante de haber concebido una hija fuera del matrimonio. En aquella época los juicios se celebraban en la plaza pública, donde la condenada era humillada por la multitud.
Actualmente el menosprecio y la condena social se divulgan por medio de las redes sociales. Y la letra escarlata de turno se les cuelga virtualmente a las jóvenes que son calificadas de “fáciles”, “zorras” o “putas”, por varones que las perciben y usan como divertimento desechable. Así ha quedado de manifiesto en el escándalo que ha estallado en la prestigiosa universidad Cornell, en el estado de Nueva York, cuya reputación ahora está por los suelos.
Los medios informan de la demanda que ha presentado una exalumna, cuya identidad se resguarda bajo el nombre genérico de “Jane Doe”, quien alega que en 2024 fue violada en grupo por siete estudiantes de dicha universidad pertenecientes a una fraternidad. La demandante sostiene que la administración del centro y las autoridades que investigaron el caso —y que en su día lo desestimaron por “falta de evidencias”— minimizaron el relato que hizo de una noche que, según ella, desembocó en un asalto sexual múltiple que no pudo frenar al estar bajo los efectos del alcohol y de una cantidad considerable de estupefacientes que la inhabilitaron para discernir lo que estaba viviendo.
Al día siguiente del suceso, la mujer tenía una vaga memoria de lo que empezó en una de las habitaciones de la fraternidad con un triángulo sexual aparentemente consensuado entre ella y dos amigos. Pero para entonces ya circulaban en las redes sociales del campus mensajes sobre la farra de aquella noche, en la que circularon mensajes sobre la disponibilidad “gratis” de un “coño” para quien quisiera aprovechar la ocasión. Cuando la joven en cuestión comenzó a tomar conciencia de lo sucedido, en las redes se referían a ella como “zorra”. O sea, una muchacha “ligera de cascos” para usar y tirar, que es lo que parece que sucedió a lo largo de una madrugada por la que desfilaron varones que ignoraron lo que significa un verdadero consentimiento antes de iniciar relaciones sexuales. Horas después de los hechos, uno de los implicados le envió un mensaje revelador (e incriminatorio): “Quería disculparme por los acontecimientos anoche”. En el entorno universitario se sabe que en la cultura de las fraternidades se maneja el perverso concepto, que en verdad es un crimen, de la “violación en grupo”, así como prácticas humillantes de iniciación que, tristemente, en más de una ocasión han acabado en la muerte del iniciado.
Hoy “Jane Doe” sacude los cimientos de esta universidad de élite al revivir una noche de sexo, drogas y alcohol en la que se vio sola frente a una manada de hombres dispuestos a correrse la juerga de sus vidas a su costa. En 2024, cuando era una estudiante de segundo año, arrastró la vergüenza del señalamiento en un campus que ya no era de ensueño, sino la pesadilla de su estigmatización. Una buena amiga, que es madre de una adolescente, me escribe lo siguiente: “Las educamos para protegerlas de ellos mientras que el sistema funciona para que ellos se protejan entre sí de las consecuencias de sus delitos. Terrible”. La letra escarlata puede cambiar, pero a quien sigue señalando es a las mujeres. [©FIRMAS PRESS]
La autora (La Habana, 1960), es periodista y escritora. Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el Nuevo Herald y en diversos periódicos en América Latina. Sus libros más recientes son No esperes por mí mañana (Planeta 2026) y Deséenme un buen viaje. Memorias de una despedida (Planeta 2024). En 2009 publicó la novela La mala fama (Plaza y Janés) y en 2006 coordinó y prologó Un día sin inmigrantes (Grijalbo).
*Twitter: ginamontaner