Implicaciones políticas de la salida de Nicaragua del Parlacen

En su alocución oficial de este lunes 5 de octubre, la codictadora Rosario Murillo trató de explicar y justificar la salida de Nicaragua del Parlamento Centroamericano (Parlacen). Pero no explicó ni justificó nada.

Murillo dijo que fue “la conclusión inmediata de nuestro Acuerdo de pertenencia a ese Organismo”, demostrando así una ignorancia absoluta del derecho internacional y el derecho comunitario centroamericano. Por supuesto que de ella no se puede esperar que tenga conocimiento de temas tan complejos y especializados, pero se supone que sí tiene a su disposición asesores que sí sepan de esas materias. Se supone.

La verdad es que Nicaragua no era miembro del Parlacen por un “acuerdo de pertenencia” con la institución parlamentaria centroamericana. Nicaragua es un Estado fundador del Parlacen, ha participado en él desde su inauguración en octubre de 1991, y no por un “acuerdo de pertenencia”, sino por ser parte del Tratado Constitutivo del Parlamento Centroamericano, un instrumento de derecho internacional en el ámbito centroamericano.

Además, como lo dejamos claro en nuestro comentario editorial de ayer, el Tratado Constitutivo del Parlamento Centroamericano no prevé el retiro de ninguno de sus miembros y por lo tanto no existe un procedimiento para dejar sin efecto la pertenencia al Parlacen.

Los analistas políticos independientes y opositores consideran que la decisión de la dictadura de sacar abruptamente a Nicaragua del Parlacen es por la resolución de la Reunión Extraordinaria de Cancilleres de la OEA sobre Nicaragua, que demanda el restablecimiento de la democracia. La cual podría involucrar al Parlacen en las presiones diplomáticas y políticas que probablemente la comunidad hemisférica ejercerá sobre la dictadura nicaragüense.

Hasta ahora el Parlacen ha sido indiferente a la crisis política de Nicaragua. Más bien, el régimen de Ortega y Murillo lo aprovechó como instrumento para impulsar su estrategia de alianzas con las potencias autoritarias extrarregionales de Rusia, China e Irán. Además, no por aislarse más internacionalmente, ahora hasta en el ámbito centroamericano, la dictadura de Nicaragua podrá resistir en mejores condiciones el previsible incremento de las presiones externas.

De cualquier manera, verdad es que el Parlamento Centroamericano no ha cumplido los fines para los cuales fue creado hace 35 años. Es decir, impulsar y fortalecer el proceso de integración económica y política en Centroamérica de manera democrática, contribuir a la modernización de las instituciones y al fortalecimiento del diálogo entre los pueblos centroamericanos.

Nada de eso se logró, pero a Nicaragua la participación en el Parlacen le ha costado casi tres millones de dólares anuales, dos millones en pago de membresía y contribución al mantenimiento de la sede en Guatemala, y uno en salarios y viáticos de los diputados pagados por el Estado.

Pero ahora ese dinero tampoco se lo ahorrará el país, porque los diputados nicaragüenses del Parlacen seguirán recibiendo la paga del Estado por hacer nada, pues según la codictadora Murillo continuarán siendo una bancada actuando con Responsabilidad, Disciplina y Unidad”.

A todas luces una grosera demostración de lo que es el Estado botín.

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