Las acciones de Daniel Ortega y Rosario Murillo frente a las presiones de la comunidad internacional parecieran indicar que la dictadura nicaragüense no le teme a lo que pueda hacer la administración de Donald Trump para hacer tambalear su régimen, lo cual es un grave error, a criterio de analistas.
Sin embargo, «es un error creer que Estados Unidos, y sobre todo esta administración, se va a quedar de brazos cruzados viendo los desplantes que le hacen», señala un exdiplomático que solicita no ser mencionado.
El pasado 3 de enero de 2026, Estados Unidos demostró de lo que es capaz al capturar al dictador venezolano Nicolás Maduro junto a su esposa Cilia Flores y encerrarlos en una prisión de Nueva York. Pese a ello, Ortega y Murillo no han moderado su represión ni su confrontación con Washington.

Por el contrario, continúan haciendo desplantes y aislándose de la comunidad internacional. Solo la semana pasada, la dictadura negó el plácet a Natasha Francheschi, la que se suponía sería la nueva embajadora de Estados Unidos en Nicaragua.
Esta es la segunda ocasión que la dictadura rechaza a un embajador de Estados Unidos. En 2022 le fue retirado el beneplácito a Hugo Rodríguez luego que durante su comparecencia en el Senado para su aprobación calificó al régimen como una dictadura. Aunque el Senado posteriormente aprobó su designación, Managua nunca permitió su entrada al país.
Además, la dictadura también envió una comunicación privada al Parlamento Centroamericano para anunciar su salida de este organismo regional y profundizar así su aislamiento diplomático. Esto sucedió un día después de que la Organización de los Estados Americanos (OEA) aprobara una resolución sobre la situación de Nicaragua, que contempla un mecanismo de seguimiento y diálogo diplomático, además de medidas relacionadas con elecciones, derechos políticos y separación de poderes.
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«Ortega se aísla cada vez más en un intento de que nadie le diga lo que tiene que hacer y cerrando la puerta de antemano para una eventual negociación con la comunidad internacional», valora otro exdiplomático que prefiere reservar su nombre.
Maduro no sirvió de ejemplo para Ortega y Murillo
Pese a que la captura de Nicolás Maduro bien pudo significar que los Ortega Murillo se vieran en el espejo de lo que podría pasar con ellos, «han hecho todo lo contrario a crear un ambiente de conciliación y sus acciones solo están provocando que la administración Trump tome medidas basadas en esas acciones», detalla uno de los exdiplomáticos consultados.
En los meses posteriores tras la captura de Maduro, el régimen Ortega Murillo profundizó su concentración de poder y su enfrentamiento con organismos internacionales como parte de su estrategia, señala el otro exdiplomático.
«La estrategia de Ortega es cerrar el espacio político mientras convierte la presión internacional en un argumento para reforzar su discurso de soberanía y autodeterminación de los pueblos, y seguir justificando las violaciones a los derechos humanos como parte de su defensa ante una supuesta intervención extranjera», detalla.

Por otro lado, la captura del dictador venezolano «demostró que, al menos en determinadas circunstancias, Washington puede pasar de las sanciones y la presión diplomática a una acción militar directa», indica el experto. «Pero hay una diferencia fundamental. Que Estados Unidos pueda actuar contra un gobierno no significa que vaya a hacerlo contra todos sus adversarios», advierte.
Algunos desplantes contra la comunidad internacional
La relación de los Ortega Murillo con la comunidad internacional se ha ido deteriorando a medida que la crisis política se ha profundizado, pero también de que la misma dictadura ha ido cercenando las libertades de los ciudadanos.
En abril de 2022, por ejemplo, el régimen expulsó a la Organización de Estados Americanos (OEA) de Nicaragua y la calificó como “instrumento diabólico”. La Policía ocupó las oficinas del organismo en Managua e incluso confiscó la propiedad que alquilaban.
Nicaragua había anunciado meses antes su decisión de retirarse de la OEA, pero el proceso formal de salida todavía no había terminado.
En septiembre de ese mismo año, Ortega expulsó a la embajadora de la Unión Europea, Bettina Muscheidt, después de que Bruselas exigiera el fin de la represión. Días después, Nicaragua rompió relaciones diplomáticas con Países Bajos y rechazó al embajador estadounidense Hugo Rodríguez.
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Por otro lado, el régimen también expulsó al nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag, en medio de la persecución contra la Iglesia católica. En 2023, Ortega y Murillo suspendieron las relaciones diplomáticas con el Vaticano después de que el Papa Francisco calificara de “dictadura grosera” al régimen.
Los Ortega Murillo también han tenido encontronazos con España. En 2025 impidieron el regreso de la embajadora María del Mar Fernández y posteriormente Nicaragua retiró a su representante en Madrid.
Ese año Nicaragua también anunció su salida del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas después de los señalamientos contra el régimen de cometer crímenes de lesa humanidad.
Durante todo el 2026, Ortega y Murillo han publicado notas diplomáticas de protesta dirigidas a países como República Dominicana, Panamá, Perú y otros que criticaron las declaraciones del dictador de que en Nicaragua ya no habrá más elecciones.
Más recientemente, negaron la entrada al país a la nueva embajadora de Estados Unidos, Natasha Fancheschi y anunciaron su salida del Parlamento Centroamericano.
¿Tendrá Ortega el apoyo de Rusia y China?
En cuanto a Rusia y China, ambas potencias son dos actores importantes en el juego político de los Ortega Murillo y de quienes podrían esperar algún tipo de acción para defenderlos.
Desde que Nicaragua estableció relaciones diplomáticas con Pekín en diciembre de 2021, la relación ha sido más que todo económica y comercial, sobre todo en el rubro de la minería donde las empresas chinas han recibido miles de hectáreas en concesiones.

«China tiene un peso particularmente importante en inversiones y comercio, mientras Rusia posee mayor peso en asuntos militares y de seguridad, y ninguno de los dos va a salvar a Ortega a la hora de que Washington decida emprender alguna acción de envergadura», detalla uno de los analistas diplomáticos.
El otro experto recuerda el caso de Maduro y que cuando Estados Unidos se lo llevó detenido el 3 de enero «ni los rusos ni los chinos salieron a defenderlo y hasta los mismos Ortega Murillo se tardaron en solidarizarse con su socio», comenta.
En julio de 2026, el exencargado de negocios de la embajada estadounidense en Managua, Kevin O’Reilly, advirtió que Ortega y Murillo buscaban una “krysha” en Rusia. Esta es una palabra rusa que significa “techo” o «soporte».
“La protección rusa a la dictadura siempre ha dependido tanto de la fanfarronería como de la sustancia, pero a medida que la insensata y destructiva invasión de Putin a Ucrania consume la atención, el personal militar y los recursos rusos, y a medida que Ucrania golpea con creciente eficacia la infraestructura energética que sostiene la economía y la maquinaria de guerra de Rusia, quienes rodean a Ortega y Murillo quizás deberían pensar en al-Ásad, ahora en su jaula dorada moscovita, y en Maduro, en su celda neoyorquina», detalló O’Reilly en un artículo de opinión publicado en su blog personal.
El exdiplomático estadounidense que sirvió en Managua entre 2023 y 2025 también señaló que los allegados a los Ortega Murillo «deberían preocuparse de que el amparo del techo ruso solo se extienda hasta cierto punto sobre sus propias cabezas en la ciudad de Managua tan lejana de Moscú”.