Los representantes de los tres gobiernos de izquierda que quedan en las Américas y son miembros de la OEA (México, Brasil y Uruguay) aprobaron la Resolución del pasado viernes 2 de octubre. No votaron en contra y tampoco se abstuvieron.
Los tres gobiernos de izquierda dejaron claro, igual que los demás de las Américas, que ellos también están convencidos de que en Nicaragua hay una atroz dictadura y que se debe restablecer la libertad y la democracia en este infortunado país centroamericano.
Sin embargo, tanto el gobierno izquierdista de México como los de Brasil y Uruguay, dejaron constancia de su discrepancia con algunos aspectos puntuales de la resolución, no obstante que la aprobaron en lo fundamental. Lo que es normal porque en la democracia la discrepancia no solo es normal sino también necesaria.
Las notas al pie de una resolución o acuerdo internacional son un recurso de la diplomacia política democrática, que le permite a un país manifestar una reserva sobre el documento que se aprueba, sin que eso signifique que lo rechaza. De esa manera, el país o países en cuestión dejan constancia oficial y con validez jurídica que no apoyan algún punto del documento aprobado, y que por tanto no quedan obligados a cumplir (ese punto) en su aplicación práctica.
O sea que los gobiernos de México, Brasil y Uruguay comparten el contenido fundamental de la resolución de la OEA que manda a buscar los medios para poner fin a la dictadura y restablecer la democracia en Nicaragua. Pero han dejado constancia de que no comparten la referencia del documento a que dicha dictadura representa una amenaza a la paz y la seguridad hemisférica.
Sin embargo, como señalamos en el editorial de LA PRENSA del sábado recién pasado (“El resultado de la reunión extraordinaria de la OEA sobre Nicaragua”), a pesar de las objeciones mencionadas quedaron a salvo “las decisiones particulares que decidiera adoptar cada país, las que se rigen por el derecho a la defensa y a garantizar la propia seguridad conforme los términos de la Carta de las Naciones Unidas”.
Algunas personalidades mexicanas han opinado que con la objeción a la resolución de la OEA su gobierno se ha identificado con los dictadores de Nicaragua. Sin embargo, nosotros preferimos pensar y decir que los tres gobiernos de izquierda pusieron las notas de objeción puntual al pie de la resolución de la OEA, no para apañar a la dictadura de Nicaragua, a la que no dudaron en calificarla como tal.
Preferimos creer que sus notas al pie de la resolución obedecen a una concepción ideológica desfasada, de la soberanía y la autodeterminación nacional de los pueblos. Una concepción que no reconoce, o se resiste a reconocer, que la soberanía nacional sin soberanía popular carece de contenido. Que sin el respeto real y efectivo a la libertad la democracia y los derechos humanos, la soberanía y la autodeterminación nacional son cascarones vacíos que las dictaduras utilizan para tratar de legitimarse internacionalmente.
Pero al fin y al cabo lo realmente importante y determinante es que, a pesar de las notas al pie de la resolución de la OEA esta fue aprobada por todos los Estados miembros de la OEA. Y que es una herramienta diplomática y política que podría servir eficazmente en la búsqueda de una solución pacífica de la crisis política de Nicaragua. La que, si bien es cierto ya se ha buscado antes sin éxito, no por eso se debe dejar de seguir buscándola.
Al fin y al cabo la perseverancia es una virtud de la política democrática y más todavía cuando es diplomática.